VII CONFERENCIA IBEROAMERICANA SOBRE FAMILIA
La familia iberoamericana, su vulnerabilidad ante los futuros utópicos o sombríos
Introducción
.a. Una simple y desinteresada recorrida por la historia nos muestra una superposición de pueblos y civilizaciones vinculadas entre sí por lazos comerciales, enfrentadas por razones territoriales o religiosas, unidas por una conexión lingüística, distanciadas por costumbres consideradas aberrantes, ubicadas ante un futuro al que aguardan con esperanza o temor y celosas de un pasado que marca sus frustraciones o triunfos y caracterizadas, todas, por el común denominador de la mirada oblicua hacia los costados donde vislumbran las amenazas para su sobrevivencia o la oportunidad del despliegue aguardado durante generaciones.
Algunas persistentes o extinguidas, otras siempre rezagadas frente a las demás, victoriosas en el vínculo intercultural, con distintos tratamientos hacia los protagonistas de su diversa marcha histórica, la gente que conforma a las naciones, sufridos habitantes durante las vicisitudes de las guerras o gozosos en los períodos de paz, por momentos víctimas de las invasiones extranjeras u, otras veces, de las presiones económicas o condiciones de inseguridad autógenas.
A grandes rasgos este ha sido el tránsito, al menos hasta ahora, de la humanidad personalizada y personificada por sus núcleos primordiales, los pueblos y civilizaciones citados, la humanidad que, en su conjunto, no emerge o se hunde con ellos sino que, por el contrario, prosigue desenvolviéndose en el tiempo gracias a la energía puesta en marcha por cada uno de sus núcleos primordiales, los cuales, a su vez, descansan sobre los individuos, “la gente que conforma las naciones” y su inmediato entorno familiar, ajenos a las abstracciones de las ideologías o las ciencias sociales que prescriben una participación anónima de multitudes allí en donde la experiencia recala en la sola individualidad de la persona.
El individuo, entonces, y su inmediato entorno familiar y afectivo antes, y, con ellos, los sufrimientos o alegrías compartidos, los desplazamientos obligados, el encarnizamiento de la miseria, las persecuciones ... después, el tiempo histórico y las diversas culturas que sepan cobijarlo con sus vicisitudes, y, en tercer lugar, la mayor de las generalizaciones pergeñada por los tiempos modernos: la humanidad, ella nunca fracasa cuando la xenofobia aniquila a un grupo o triunfa cuando los foros internacionales emplazan a sus perseguidores a la reconversión de las conductas criminales, porque de ambos extremos se hacen cargo las culturas y los tiempos históricos personalizados y, en su interior, quienes realmente sufren o gozan la existencia: los inmediatos entornos afectivos de los hombres a partir del individuo mismo. Sólo en estas posteriores instancias acontecen los triunfos, fracasos o el simple transcurrir de la existencia que la humanidad figura propia.
.b. El personal análisis anterior no resulta de ninguna manera gratuito habida cuenta de la constante subestimación soportada por el elenco más débil de las sociedades, aquel constituido por sus integrantes primordiales, impotentes testigos, la generalidad de las veces, de un hacer que nunca los toma en cuenta salvo para las levas forzosas, las campañas publicitarias ansiosas de imponer productos, la propaganda política, las prerrogativas religiosas o similares fenómenos enajenantes. Acaso sea entonces este experimentar de la impotencia el fenómeno por antonomasia que diera comienzo, de manera paralela, tanto a la necesidad de imponer sistemas de justicia en el seno de los diversos medios sociales cuanto la recurrencia del mismo pedido a divinidades trascendentes al ver incumplidas, en la tierra, esos elementales deseos colectivos por parte de los integrantes privilegiados de los diversos ámbitos sociales, los dueños del poder, que imposibilitaran, en provecho propio, la implementación de una justicia no meramente formal sino real para la totalidad del espacio humano.
La impotencia por “llegar a ser” –cuanto la naturaleza le permitiera a los hombres-figura una categoría no tomada en cuenta por las filosofías ni, aún, por las ciencias sociales, la primera porque se perdiera en extensos análisis metafísicos redundantes de abstracciones siempre lejanas de la particularidad constituida por las individualidades y su inmediato entorno, las segundas por una entrega cada vez mayor a las tecnologías que las capacitaran para dominarlas. Resultará, entonces, esta impotencia por “llegar a ser” la idea rectora de nuestra confrontación con los hechos ( presente en la miseria que rodea los cinturones de las gigantescas urbanizaciones y sumerge a sus pobladores en el nihilismo, en la educación incompleta, los faculta para no entender absolutamente nada de cuanto les suceda, en la falta de amor, pervierte sus actos sexuales colmándolos de aberraciones, en el llenado de sus mentes con el vacío de unos programas radiotelevisivos que les reducen lenguaje e ideas hasta subhumanizarlas, entre otros efectos) y de las consecuencias que extraeremos de los mismos.
La idea matriz
El pedido de cientificidad que, generalmente, recae sobre las reflexiones y trabajos de investigación cuya meta apunta al desentrañamiento de la incógnita humana, muestra un claro prejuicio que favorece la reflexión a partir de la suma de datos devenidos de los registros estadísticos, una bibliografía abundante u otros procedimientos acumulativos –con distintos grados de sistematización-en desmedro del elemental recogimiento crítico para el hallazgo del conocimiento
Si bien esta advertencia vale para cualquier disciplina con las características aludidas, debiera ser muy tenida en cuenta, especialmente, en los trabajos de prospectiva, en donde, al amparo de este matiz de supuesta cientificidad los investigadores dejan filtrar (a veces sin precaverse, otras, insidiosamente) los deseos (alimentados por las ideologías, religiones, sistemas económicos y demás sostenes del poder científico desde cuyos senos indagan el futuro) de cómo debería constituirse ese futuro, en lugar de, únicamente, limitarse a considerarlo. Por ello, evitar estas injerencias en la lectura de lo que vendrá (o vendría) adquiere los ribetes de un requisito profundamente moral y, metodológicamente, necesario, so pena de que, la poca objetividad posible en el ejercicio de auscultar, se hunda en las contradicciones inconscientes (pero no, asimismo, inconsistentes) de la variada ambición, no siempre aclarada, de los pensadores y científicos sociales.
Si hay una constante en la historia intelectual de los últimos cien años ella tantea la forma de una pregunta que inquiere acerca del futuro, hasta el extremo de que esa constante ha hecho nacer incluso un género literario, el de la ciencia ficción, en la mayoría de cuyos cuentos y novelas se privilegian los análisis del porvenir, lejano o inmediato.
Incluido en ese marco, la pregunta que nos ocupa se abre en una serie de deslindes, cada uno de los cuales especifica un terreno con características propias que, a su vez, amplía la incógnita y la concomitante y obligada angustia por lo imprevisible, una resolución siempre fuera de un alcance que logre superar la mera parafernalia teórica, que, habitualmente, se ocupa de estos temas. Se nos presentan como alternativas y variables, cuyas respuestas, serán dadas, para guardar coherencia y concordancia con la propuesta del ensayo, en forma de pregunta y no de interrogatorio, de allí que los porqué iniciales de cada alternativa no vayan acentuados. En concreto, serán afirmaciones incluidas en forma de interrogación.
(Las ideas derivadas)
Una vez realizados los hitos 1 a 24 que hacen a la expectativa general del tiempo histórico presente en su conjunto (y que denominamos idea matriz) desprenderemos de los mismos y para mostrar fidelidad con lo dicho en la introducción y su exigencia de un respeto sin ambages alguno para con la particularidad-, las conclusiones atinentes al concreto ejemplo americano y, ya en suelo propio, el destino que aguarde a las estructuras familiares de darse el cumplimiento de estas prospectivas.
La primera. Psico-ontológica. ¿porque la ante-determinación que nos conduce a preguntar por el destino del mundo deriva de nuestra estructura psíquica? ¿porque somos seres orientados de tal modo hacia el futuro que, para gozar del presente, nos hace falta el despliegue de una batería de ayudas hasta religiosas que nos quiten la ansiedad por un ineludible mañana? ¿porque estamos hechos de tiempo y ese mismo tiempo que nos constituye nos devora?
La segunda. Ecológica, ¿porque la suma de las ciencias asociadas a esta disciplina, entre otras, la paleontología, que, al demostrar la serie habida de extinciones en masa de múltiples especies animales y vegetales ocurridas alternativamente en el pasado terrestre, nos abre a la posibilidad de que una catástrofe similar vuelva a producirse alcanzando a la raza humana, y la meteorología, que, igualmente, al preanunciar cambios climáticos alarmantes, avizoran un futuro poco prometedor por el agotamiento de las fuentes energéticas fósiles como el petróleo o el gas, el arrasamiento de la biodiversidad por los plantíos culturales o el aumento de la temperatura media, entre los más extremos?
La tercera. Económico-social,¿porque la acumulación de todo tipo de bienes y disfrute tensa las oposiciones entre ricos y pobres hasta el extremo de que la suma de males al estilo del hambre, la emigración forzada y el concomitante desarraigo, enfermedades casi desaparecidas como la tuberculosis o pandemias como el SIDA hacen estragos únicamente entre el segundo sector poblacional y la injusticia atroz que implica abre la posibilidad de que la elongación de esta diferencia hasta límites racionalmente inconcebibles? ¿porque el proteccionismo y los subsidios, sobre todo el ejercido, subrepticiamente, por los países más desarrollados, al desfigurar, en distintos niveles, los rumbos de la economía mundial , sin embargo, no detienen el crecimiento de las naciones emergentes cuyos pobladores, mayoritariamente campesinos hasta ahora, al urbanizarse, provocarán un aumento de los consumos de bienes que, palmariamente, incidirán sobre una tierra ya agotada extremando las oposiciones interregionales regentes hasta el momento?
La cuarta. Histórica ¿porque el desenvolvimiento del mundo, si bien presenta algunos momentos donde la libertad y la esperanza aunados, prometían una vida colectiva disipada, estos momentos sólo se concretizan en un grupo de zonas y de países privilegiados, que precisamente, obtienen la financiación de su estándar de vida no exclusivamente de sus impuestos internos sino de la monstruosa deuda acumulada de todo el Tercer Mundo, cuyos intereses coadyuvan directamente en el bienestar de las clases acomodadas de esos pueblos, en tanto deterioran, paulatinamente, la calidad de vida de miles de millones de personas maldecidas por el flagelo de la suerte?
La quinta. Regional ¿porque algunos sitios del planeta, singularmente ricos en fauna y flora, como los que se hallan comprendidos entre los trópicos o porque cuentan con reservas de agua dulce que, por motivos diversos, como el regadío de campos sedientos o las redes para abastecer a ciudades gigantescas se va convirtiendo en un bien día a día más preciado, o de minerales imprescindibles para el desarrollo tecnológico o porque sus praderas feraces lucen deshabitadas serán las próximas víctimas del Imperialismo, que, en estos territorios, vislumbra la posibilidad de extender su modus vivendi, signado por el despilfarro de los bienes de consumo?
La sexta. Poblacional. ¿porque estas constantes señaladas conducirán, inexorablemente, a una tajante división humana, ya no de clases o de pueblos, sino de sub-especies, donde, aquellos grupos golpeados por los estigmas de la desnutrición, el desarraigo, la anomia y las guerras, descenderán a niveles biológicos de idiotismo tan intensos que nos conducirán a dudar de su humanidad, en tanto la mayor parte de la población restante, bien alimentada, vestida e higienizada, sin embargo, también caerá en los mismos niveles que los anteriores segmentos, equitativamente masificados por una publicidad atropellante y la mediocrización paulatina de un mundo cuyos únicos valores habrán de ser los materiales, todos ellos, los primeros y los segundos, pensados por una elite cada vez menor de conductores ... y una cuarta sub-especie, la crítico-pensante-creadora, que, circunstancialmente, evadirá ese cerco, y, en otras oportunidades, tan solo se limitará a mostrarlo?
Otro aspecto de esta misma consideración pregunta por el incremento posible de la población mundial en los próximos decenios, ¿se detendrá o crecerá hasta agotar las posibilidades alimenticias del planeta, extremando sus factorías contaminantes y deteriorando sus paisajes naturales? No dudamos que la tendencia se revertirá y que, incluso las poblaciones pobres asumirán el descenso de su ritmo, pues, la denominada “bomba demográfica” ya estalló haciendo impacto en la conciencia colectiva. En todo caso no le resultaría muy difícil a las corporaciones multinacionales que gobiernan el mundo idear algún tipo de exterminio para aquellos sectores de población “indeseables” que atentaran con malograr sus proyectos si éstos se efectúan sobre la base de una cantidad estable de habitantes ... aunque, para el logro de este fin, deberán cuidar que la pirámide poblacional no se invierta y el mundo se convierta en un asilo de ancianos, destino de la opulenta Europa, si las tendencias reproductivas actualmente gobernantes en el Viejo Continente se mantienen.
La séptima. Moral. ¿porque si bien las conductas humanas son relativas a pormenores epocales, económicos o religiosos, una cierta tendencia, donde se fusionan la racionalidad, el mutuo respeto, la condolencia ante el mal ajeno, un latente temor a las represalias (legales, en la tierra, y, nada difusas, en el cielo), la suma de los hechos que jalonaran con sangre una por una las décadas del siglo precedente, cometidos en el nombre de todas las ideologías dominantes, el individualismo egoísta en el que culminan las prácticas del neoliberalismo, que lleva a los hombres a desconsiderar, ya no tan solo al semejante sacudido por la miseria sino a quien se halla al lado suyo, frecuenta sus gustos y hasta justifica las tropelías que, juntos, cometen contra los desfavorecidos, parecen haber exacerbado la desconfianza mutua y el olvido de un trato interhumano lejanamente amable?
La octava. Teológica. ¿porque Dios se constituye en el gran “desaparecido” de una actualidad occidental que dura desde las postrimerías de la Edad Moderna, convirtiendo a sus habitantes en fantasmas deambulantes entre el ateísmo y las diversas burocracias eclesiásticas, parodias de ritos vacíos carentes de toda significación capaces de evadir efectos cercanos al circense, y que, añadidos al desencanto que produjo la desaparición progresiva del misterio en un mundo develado y desvelado por la ciencia y la tecnología, conducen a un desvanecimiento del sentido integral de la vida, que pareciera adquirir la apariencia de una cortesana flirteando con la nada en tanto sus poseedores se aferran a una provisoriedad, ahora vivida como definitiva?
La novena. Vinculante, porque las normas de la convivencia, siempre alteradas por el miedo a lo ajeno-singularmente-lejano que ha caracterizado, hasta ahora, el desarrollo de los diversos pueblos y etnías de la tierra, han trasladado el terror hacia quien comparte el asiento en el tren, el piso en el departamento o habita un barrio cercado por la pobreza (una villa miseria) o por el alambrado de la riqueza (un barrio privado), sitios oscurecidos por la presencia de terroristas, raptores, asaltantes, proxenetas, paidófilos y otros variados tipos de delincuencia cuyos hechos resalta a diario una prensa solazada en la descripción de la podredumbre; porque la desconfianza, entonces, absorbe las energías psíquicas del presente, y si las motivaciones que conducen a los actos delictivos parecieran aumentar a pie juntillas con el incremento de las desigualdades,¿ es porque estaremos presenciando un cambio en la normativa cotidiana que redundará en una modificación de los códigos morales (mencionados en séptimo lugar)?
La décima. Placentera. ¿porque el trato con el cuerpo propio ha mostrado siempre una relación conflictiva, donde el punto medio entre un hedonismo extremo, asociado a un necesario escepticismo metafísico y un igualmente extremo desinterés por la carnalidad propio de ciertas prerrogativas religiosas nunca fue logrado, dando lugar a una serie progresiva de interdictos y tabúes que han flagelado la existencia humana hasta volver todo tipo de relación en un atolladero? ¿ porque las sucesivas tecnologías han ido liberando a la sexualidad de su obligada (y relativa) connotación reproductiva y las diversas medicaciones han aumentado el interés por la belleza de la vida y alargado su expectativa, convirtiendo a la muerte en un suceso terrible como nunca anteriormente lo fuera? ¿ porque los fármacos que ayudan a sostener estas adquisiciones alteran día a día los límites artificiales establecidos entre las drogas “prohibidas” y las recetas psicotrópicas que crean similares dependencias?
Estos fenómenos se encuentran asociados a una exaltación de la juventud porque ocurre en esta etapa de la vida el acmé de la fortaleza corporal y con una obligada liberalización de las costumbres para dar rienda suelta a cuantos impulsos se le asocian. En las tantas vueltas de la historia:¿asistiremos a una denigración de estas conquistas o ellas proseguirán su marcha hacia un connubio virtualmente inagotable entre existencia y placeres corporales?
Turismo para todas las edades, alimentación fluctuante entre las exquisiteces, la comida chatarra y los regímenes de bajas calorías, viviendas adecuadas a cualquier tipo de clima, diversidad de modas y deportes unidos en el beneficio y el deleite corporales ¿asistiremos a una denigración de estas conquistas o ellas proseguirán su marcha hacia un connubio virtualmente inagotable entre la existencia y todo tipo de placeres?
La undécima. Mens sana in corpore liber/mens liber in corpore sano. ¿porque si existe un hilo conductor que, hasta ahora, ha vibrado a lo largo de la total historia humana es el de la disputa interminable de los poderes entre sí (económicos, políticos, religiosos) para dominar a quienes no los gestaran? ¿cuerpos juveniles para el sacrificio de la guerra? ¿mentes dispersas para que en ellas hagan estragos la ideología o la publicidad? Las preguntas podrían multiplicarse indefinidamente: ¿un mundo poblado por seres felices sin atisbos de plenitud anímica? ¿bríos impetuosos de odio en las personas llagadas por las pústulas de la miseria? Un tiempo histórico donde la conjunción cuerpo-alma exprese una persona unitiva, indisoluble para los ácidos de cualquier estado, corporación, sistema religioso o económico que busque subyugarla no parece posible por ahora, en las actuales condiciones vigentes en el mundo ¿cabría augurarla en un futuro que se desligue de estos determinantes actuales?
La duodécima. Antropológica ¿porque resulta necesaria una revisión de lo que somos en esta vincularidad nunca demasiado resuelta –cuerpo / alma // espíritu / materia – donde un balance, siempre intencionado, atrae uno u otro de los extremos, desequilibrando el conjunto para favorecer alguno? Recordemos que, hasta ayer nomás, en la Edad Media y sus elongaciones diversas, el alma, cuando acontecía la muerte, era la única parte salva del conjunto, en tanto el cuerpo entraba en sus diversos procesos de descomposición, a la vez que, simultáneamente, era sujeto de escarnio y deprecio, se lo descuidaba y aceptaban los males que lo deterioraban con resignación y entrega. Hoy, el cuerpo no solamente ha recobrado su lugar ontológico en esa jerarquía dual, sino que, como agregado, se encuentra cada vez mejor tratado gracias a las diversas higienes y técnicas médicas que lo protegen y, a nivel colectivo, casi se ha llegado a descreer en la existencia del alma. Con lo cual, la muerte resulta, contemporáneamente, más pesarosa y sufrible que en aquellos tiempos cuando la eternidad consistía en un suceso cotidiano, porque, ahora, no deja nada tras su paso arrollador.
¿Se acentuará esta dicotomía, o, por el contrario, habrá una nueva reconexión vinculante que le permita a la humanidad una mirada metafísica donde no reine la desesperanza ni se imponga un horizonte individual cerrado, no obstante un universo social (otra disociación sin tono) amparador y explicativo?
La decimotercera. Educativa. ¿porque la clave del destino de un país o medio socio-cultural dado radica en los valores que se inculquen a sus ciudadanos desde pequeños, en la respuesta coherente que sus pedagogos brinden a la pregunta ¿qué es lo que vale la pena dar a conocer, de cuantos conocimientos acumulados poseen las generaciones anteriores, a quienes, a partir de ahora, se formarán en las aulas? Pues la educación formal actual contrae la riesgosa alternativa de modelar al educando sin darle opción a que desarrolle sus propias potencialidades intelectivo-creadoras, por una parte, y, por la otra, de resultar impotente –como viene ocurriendo en la actualidad en un país como Argentina-para sobreponerse a la influencia de los medios que sí modelan, sin ningún tipo de consideración, a sus adherentes, multitudes de púberes idiotizados, incapaces de alcanzar un juicio crítico contra los poderes que los mediatizan y de regodearse con los panoramas a los que los convidan naturaleza y cultura, hasta transformarlos en poco menos que bestias.
La decimocuarta. Artística. ¿porque, la apreciación de un fenómeno a todas luces benefactor para la especie humana pues hace resaltar su facultad creativa, nos lleva a rememorar cuántas veces, distintas doctrinas sociológicas o filosóficas han preanunciado la “muerte” del arte porque la osadía experimental en colores, formas o sonidos de algunas escuelas estéticas parecían haber llegado a la culminación de las posibilidades creativas del hombre, con el resultado, lo suficientemente alentador como para permitirle expresar, a cualquier corriente artística posterior o artista individual:¡esta sola obra de mi genio creador marca el fracaso de una pretensión dictatorial y absurda!?
A ninguna de las ostentaciones de las que hace gala el género humano han logrado darle muerte, hasta ahora, otros esfuerzos, igualmente culturales, aún provistos de alguna peligrosa idea absolutista o enfermos de ingenuidad preanunciadora, ni de las nefastas, como las ideologías (cuyo “deceso” se atribuyó otra ideología, la actual autodenominada
globalización), ni de las que convierten el sendero de los hombres en algo digno de ser gozado o pensado, como las manifestaciones creadoras del espíritu.
Lo que sí resulta probable que acontezca, como ya ocurriera en otros períodos históricos, es un estancamiento de la actividad creadora merced a una caída en moldes preestablecidos por un academicismo estéril o por imposiciones político-administrativas, temerosas del salto hacia la libertad, siempre supuesto en el quehacer artístico, salto al cual suele tildarse de “degenerado” o “inmoral” porque la exaltación creativa que supone no puede ser asimilada sino de este modo por el pensamiento reaccionario.
¿Qué renovado aspecto presentarán las ensoñaciones poéticas y de qué nuevos recursos formales se valdrán los poetas futuros para expresar el permanente anhelo humano por el amor, la belleza y lo desconocido nos planteamos, sin augurar con pesimismo o mal intencionadamente, la desaparición de la poesía.
La decimoquinta. Las telecomunicaciones. ¿porque el requerimiento de que las directivas de una operación militar o económica forzara, desde la construcción de caminos en la antigüedad, con postas y correos de reemplazo para llegar más rápido a destino, hasta la domesticación de las palomas para utilizarlas como mensajeras, junto a la necesidad de estar comunicados con lo seres queridos o simplemente informados hizo factible, después, el primer tendido de cables telefónicos transoceánico o la telefonía celular actual, nos preguntamos por los pasos que le hacen falta a la tecnología para la obtención de un artilugio que llamaríamos unificado y que cumpliese la función de teléfono, radio, televisor, cámara fotográfica, etcétera y, de paso, permitiese la localización de su portador en cualquier confín del mundo en cuestión de segundos,(no se vaya a dar el caso de que alguien se evada de los diversos controles pergeñados para que su existencia transcurra entre hitos bien marcados) y fuera su uso tan obligatorio como lo es hoy llevar documentación de identidad?
La decimosexta. Urbanística. ¿por qué si las ciudades fueran el pulso de la socialización humana y la exhibición más notable de su miseria y grandeza y la pregunta por su desarrollo futuro compromete a toda la comunidad actual de arquitectos, urbanistas y demás profesionales vinculados con ellas, porque cuanto efectuemos o planifiquemos en sus perímetros habrá de ser para beneficio o perjuicio de sus habitantes venideros es que inquirimos, paralelamente, si continuará el crecimiento-hacinamiento de las megalópolis o sus pobladores acentuarán la tendencia a evadirse de sus ruidos, o, por el lado complementario, el confluir hacia ellas de quienes viven en el campo o pequeñas poblaciones?
Todo parece indicar que no colapsarán, como se temía hace un par de décadas, la racionalidad puesta en juego acallará también en este aspecto la vocinglería de los agoreros del desastre, ignorantes del sitio preciso en el que debieran emitir sus gritos.
La decimoséptima. Técnico-científica. ¿porque la ciencia y la tecnología, como lo ha demostrado la historia hasta el cansancio, arrasando con ese saber-lugar-común de una neutralidad supuesta en cuanto a su aplicación, ya sea en el campo guerrero o en el de la vida cotidiana, no suele mantenerse al margen de las mismas. Incontable resulta la cohorte de científicos y técnicos directamente comprometidos en acciones espantosas y crímenes colectivos, derivados directamente de sus experimentos e investigaciones, de lo cual la carrera armamentista da fidedigna cuenta y que no parece detenerse, convirtiendo la existencia humana en un pesadilla capaz de irrumpir en cualquier sitio con las consecuencias nefastas conocidas?
Pero es mayormente en la vida cotidiana donde se reciben los efectos de la variable capacidad inventiva con aplicaciones, por lo general, positivas para el individuo, algunos, otros, en cambio, perturbadores en cuanto a su salud anímica porque, con el disfraz de auxiliarlo en la prevención de ciertas enfermedades, apurar trámites bancarios o agilizar su rutina, lo encadenan a esa instrumentalidad creciente que, cada día, pide una mayor dependencia a sus logros.
La decimoctava. Consecuencial. ¿porque a resultas de los pareceres hasta ahora emitidos se nos presenta el factor apreciado como desencadenante del último y primer valor de la existencia: el de la libertad. Una libertad nunca pasiva ni derivada de un regalo de los dioses, siempre remisos a que los hombres hagan efectivos sus actos independientes a partir de un recogimiento espiritual crítico y autónomo, ni de las sociedades, continuamente preocupadas por la obtención de mecanismos de control que conviertan a sus integrantes en pálidos remedos de sí mismos, incapaces de vivir su plenitud a solas o en un régimen de absoluta igualdad con sus semejantes, prescindentes, además, de sus directivas, usualmente enajenadoras?
¿Qué rumbos tomarán la rebeldía y la protesta en los tiempos venideros? ¿de qué manera serán encausadas para que dignifiquen a las instituciones en tanto no repriman a quienes las expresen? ¿o, por el contrario, se avecinan tiempos en los que, gracias al control higiénico,
o debido a la acción de medios altamente idiotizantes como los televisivos, ideologías del miedo y la sospecha, entre otros órdenes coercitivos, la libertad torne a convertirse en un sueño solamente posible en el ensueño de los soñadores?
La decimonovena. Indagativa. Porque ¿dispondrá algún tiempo futuro de los mecanismos capaces de evitar la preocupación por el mañana, pero no en aras de un alivio psicometafísico como el considerado en la primera alternativa, sino porque habrá llegado el cierre de una etapa humana donde, libertad y esperanza conjugados, apostaban a la huída de una situación enajenante sólo situable afuera del presente?
La vigésima. Destino del pensamiento. ¿Porque aventurar hipótesis acerca del desarrollo de las ideas (no exclusivamente filosóficas) a lo largo del siglo XXI en sus inicios, entraña el doble peligro de realizar una prospectiva cuya base se deposite en el rasero presente/ precedente propio de su desenvolvimiento actual e incapaz de elevarse por encima de sus influencias inmediatas, teniendo, por lo tanto, un avizoramiento del fututo “demasiado anclado” o “agarrado” –en el sentido literal del término-al imperio de esas formas elaboradas de pensamiento, o, por el contrario, el de correr el riesgo de la dispersión en un fárrago de posibilidades lindantes con las ensoñaciones? En otras palabras, exponer lo que quisiéramos que ocurriese, antes de lo que presumimos debiera ocurrir.
Un análisis de cuanto viene ocurriendo en nuestra extendida época actual nos conduce a la siguiente pregunta-reflexión acerca del porvenir de las ideas.¿se encontrará cada vez más supeditado (si de alguna manera pretende intersecar con la realidad histórico-social generatriz de las mismas) a los determinantes económicos, ecológicos, higiénicos y tecnológicos, algunos previsibles, otros no, advinientes, con el paralelo peligro de que esa heteronomía se extienda hasta quienes las piensan y, por ende, de la vapuleada autonomía humana reste únicamente el recuerdo?
Por lo tanto la filosofía, incluida en este marco de progresiva dependencia, que ya fuera relegada, en la Edad Media, al triste papel de mero comentario de la teología, pretensión que otra vertiente ideológica reitera, la neopositivista, esta vez a mediados del siglo XX, al pretenderla convertir nuevamente en comentarista, ahora de las ciencias, ¿mantendrá el fulgor de su papel liberador de la conciencia y de la praxis humana, o éste, si lo pierde, será asumido por una fantasía cada vez más alocada, como la que posibilitara los distintos movimientos estéticos y literarios de los siglos XIX y XX?
La vigésimoprimera. Justificativa. Porque no es una cuestión de nostalgia la que motiva la redacción de estas páginas, una mirada tradicionalista cargada de simpatía y amor por el pasado, que se apoya en el conocido adagio: “todo tiempo pasado fue mejor”, retrógrado y atentatorio contra el proceso histórico. No lloramos lo arrebatado por el tiempo, mas bien advertimos sobre las conquistas logradas a costa de mucho sacrificio que el futuro puede llegarnos a quitar o, por el contrario,
La vigésimasegunda. Conclutoria uno. ¿Porque la historia que forjamos todavía es imprevisible y aleatoria, hecho que convierte a cualquier metodología que intente preanunciarla en un simple acertijo ribeteado de colorido científico?¿Qué va a suceder, en cambio, cuando la respuesta se convierta, de-fi-ni-va-men-te, en garantía absoluta del suceder futuro? Pues, simplemente habrá acontecido que el futuro y su apertura de posibilidades desaparecerán para siempre, y, acompañando su deceso, pernoctará el espíritu en un presente chato, sin alternativas de mudanza y, ahora sí, definitivamente nostálgico del tiempo sucedido.
Porque, aparentemente, la predestinación aún está lejana, no hemos alcanzado el estatus de los dioses, sin embargo
La vigésimatercera. Post facio. ¿Queda algún lugar todavía para la esperanza en un mundo acotado por la violencia? (que siempre, por otra parte, fuera su sino y no exclusividad del presente –intercomunicado hasta lo paroxístico, su verdadera novedad-), es más ¿posee el término “esperanza”, él solo, algún significado positivo? Al igual que el concepto de “belleza” resulta altamente abstracto y requiere su llenado. Si la belleza necesita del objeto estético que la colme y, por ende, la particularice, obligándola, por lo tanto, a una verdadera encarnación manifestadora, (la obra, en su íntima y estricta particularidad, será, entonces, la que se universalice, asumiendo el mote de “bella”) algo similar ocurre con la esperanza. ¿Y esperanza de qué?¿ de un mundo mejor? ¿y a partir de cuáles coordenadas esenciales?
La oposición: tiempo de penuria / tiempo de felicidad resulta falsa desde cualquier visión, la penuria es siempre real para quienes la sufren en su status de pobres, hambrientos, marginados y solamente tropiezan con un tiempo ligeramente aflictivo quienes temen la pérdida de sus bienes, por obra de una revolución, un desastre económico, el terrorismo internacional o lo que fuere. A nivel histórico oculta otra falacia, ya que la felicidad de los pueblos nunca fuera universal –al menos hasta ahora-porque siempre la bonanza económica de unos fuera lograda gracias a la explotación de otros (¿qué hubiera sido de la gran Edad Moderna europea y de todo el progreso científico del siglo XIX sin los dividendos producidos por la esclavitud y el colonialismo, sumideros en la desdicha de entonces a la misma parte substancial de la humanidad que aún hoy sigue sufriendo penurias similares?)
La misma racionalidad mecánica, instintiva, calculadora y fría que se constituye hasta el presente en el alma mater del progreso, pero también de la discordia humanas aliviará las inquietudes energéticas de la tierra cuando reemplace el uso del petróleo al agotarse por sucedáneos derivados de vegetales y alimente con productos transgénicos a miles de millones de seres, sin impedir, por ello que, entretanto, prosigan los apocalípticos graznando, pero no mitigará las penas de una humanidad violenta y siempre insatisfecha.
Vigésimo cuarta. Conclutoria dos. Denomino a mi postura como de Optimismo /pesimista, uniendo este par de conceptos de significado contradictorio fuera de este contexto teórico. porque no vislumbro en el horizonte ninguna catástrofe definitiva capaz de amenazar a la especie humana. A lo sumo cambiará su modus vivendi, perderá o adquirirá derechos, infligirá una mayor o menor cantidad de agobios a los semejantes, pero siempre seguirá adelante, como hasta ahora, sorteando guerras u otras calamidades similares. Lo cual constituye el lado optimista de la ecuación, aunque, igualmente, nunca, logrará cambiar su faceta complementaria, que, por ello, denomino pesimista, y que la lleva a consumir su tiempo, si no abiertamente en el regodeo, al menos en la indiferencia por la desdicha del prójimo que totaliza, por lo tanto, su propia infelicidad como especie.
Consecuencias: La familia iberoamericana, su vulnerabilidad ante los futuros utópicos o sombríos
Las 24 cuestiones anteriores figuran las inquietudes que despierta el desenvolvimiento del mundo en su totalidad “globalizada”, pero no toda esa totalidad habrá de acontecer igualmente en un tiempo próximo (que, simplemente nos limitamos a leer en los signos del presente), las interconexiones entre sus partes componentes serán las responsables de los uacontecimientos, y, como siempre ha ocurrido en la historia, al menos hasta ahora, el cálculo de los hechos previsibles rozará constantemente el suceder inesperado.
En este sentido el porvenir de América se entrelaza con el del resto del orbe aunque con una ligazón de menor autonomía interna dada la dependencia de las decisiones que emanen de tal, orbe , por tal motivo la pregunta general ¿hacia dónde camina la humanidad? que se explaya en las veinticuatro cuestiones anteriores difiere de la cuestión mucho más particularizada ¿hacia dónde se encamina Iberoamérica? Y, en ella comprendida, ¿cuál será el destino que sufrirán sus componentes entornos familiares?.
Al probable destino de América latina habrá de añadirle, como cuestión veinticinco, algo también propio de la totalidad mundial pero que en nuestro subcontinente adquiere rasgos alarmantes, el de la corrupción que lo embarga, flagelo que comparte con la totalidad del mundo subdesarrollado, siendo una de las causas, tanto históricas cuanto estructuralculturales, de su no-poder-evadir-su-cerco de miseria, conformación, esta, que utilizan predominantemente los organismos internacionales para proseguir asfixiándola con préstamos que, gracias a sus clases enquistadas en el poder político-económico nunca arriban, sino carcomidas, a su destino originario de ayuda social o tecnológica. Las erogaciones posteriores, resultado forzoso de los intereses de las deudas contraídas, las abonan sus clases más necesitadas, malestar que redunda, invariablemente, en las unidades familiares que las constituyen, hasta dejarlas exangües.
Se vuelven necesarias, ahora, dos esclarecimientos conceptuales imprescindibles para una mejor intelección de la última cuestión, con ella cerraremos la totalidad de las disquisiciones que las antecedieran.
El primero: que de ninguna manera las prospectivas efectuadas quedan entre los límites de un razonamiento esencialmente intelectual y con los sesgos propios de alguna filosofía idealista, por el contrario, resultan el fruto de una meticulosa observación participante y sufrida de los signos presentes, experimentados en diversos sectores sociales, desde los cuales leímos las derivaciones posibles de una situación histórica gobernada por diversas crisis, tan recurrentes, que se han convertido en el motor, prácticamente obligado, de la historia de Occidente, ahora extendida a la totalidad del orbe, fenómeno absolutamente nuevo en el desenvolvimiento de la humanidad.
El segundo: y, menos aún, soportamos las presiones teóricas de las corrientes socioeconómicas en boga, más ocupadas en demostrar sus raíces y metodologías cientificistas que de aportar elementos fidedignos de análisis de los diversos campos sociales a los que pretenden comprender. Desde ese punto de vista, y no se lo entienda como un simple retruécano, diferenciamos rotundamente los alcances de nuestra visión prospectiva, a la cual consideramos ligeramente predictiva, por la razones a las que ya aludimos en los párrafos iniciales, y que ahora se completan, de las prospecciones socioeconómico-políticas, efectuadas desde los organismos del poder internacional, las que poseen ribetes prescriptivos, desde el momento que no se limitan solamente a una lectura objetiva de los hechos por acontecer, sino, por el contrario, a crear las condiciones para que se cumplan, desde el momento que sus autores, de diversa manera, poseen las riendas para dirigir los cambios que, hipócritamente, aventuran posibles.
La vigésimo sexta:
a. Individuo y unidad familiar en el ábside futuro.
La vida del hombre en su intimidad individual siempre estuvo tironeada por los extremos de las decisiones libremente asumidas por sí mismo y aquellas a lo que los distintos medios socio históricos en los que se desenvolviera le impusieran (desde la lisa y llana esclavitud hasta los variados mecanismos fluctuantes entre las sutilezas de las “invitaciones a desenvolverse” en algunos grupos o acciones menos sugerentes, como las levas).
En este sentido esas diversas sociedades supieron encontrar, como ha venido sucediendo hasta el presente, una inmensa cantidad de mutaciones interpretativas en el relacionarse de sus miembros entre sí, con la finalidad de que el juego interpersonal no careciera de atractivos y diera pie, a sus integrantes, a considerarse actores independientes del mismo. Una nueva similitud ahora-nada arbitraria-de palabras, los parónimos cohesión / coerción, nos ubica frente a los mecanismos de control: a mayor cohesión social, mayor coerción para con sus integrantes, implícita a nivel hasta inconsciente en las sociedades más desarrolladas o brutalmente explícita en las contrarias.
Cohesión frente a un enemigo común careciente de rostro y personalidad engañosa, coerción para aceptar los planes con el fin de exterminarlo, coerción refinada mediante la publicidad comercial para que consuma sus productos, cohesión intelectual en el momento de aceptar implementos como los microchips subcutáneos que los avances tecnológicos actuales parecieran haber extraído de la ciencia ficción.
¿ Efectuados para proteger o, en cambio, vigilar a los miembros de la comunidad? Una similar cohesión intelectual que unió a sus integrantes cuando fuera aceptada la decodificación del genoma humano para detectar sus males (y así, de paso, prevenir al sector de empleadores del sujeto en la selección de personal) o los análisis del ADN para remontarse a los orígenes parentales de la enfermedad descubierta por el medio anterior.
El término “ley” también se presta a una interpretación anfibológica, en el ámbito de las ciencias físico-naturales significa algo que se descubre, y que, por lo tanto, preexiste al quehacer humano independientemente de sus acciones (gravitación universal, expansión de los gases, sucesión de ciclos vitales ...). Según el registro del derecho, en cambio, la “ley”, por el contrario es algo que se inventa en una situación socio-histórico determinada, no se descubre, siendo, por lo tanto relativa a ese momento que la genera y que, igualmente, puede modificarla (diversas leyes penales ante el robo, resoluciones educativas, reglamentos contractuales...)
Las leyes sociales “regulan” el comportamiento humano siendo, por lo tanto, relativas a un momento cultural cualquiera, permitiendo, en su aspecto relevante, la convivencia equilibrada de sus integrantes. En caso contrario, dando espacio a distintos conflictos si no actúan en función de los valores positivos. En cambio, las leyes naturales “descubren” las causas de los fenómenos que, durante siglos, intrigaran o amedrentaran a los hombres. ¿Llegará el aciago instante, en un marco de predominancia de la subestimación de los valores positivos, en que ambos sistemas legales se fusionen, provocando la reducción de la libertad del individuo a una fracción infinitesimal?
¿Qué destino les espera, en este panorama de futuro inmediato, a los exponentes básicos de nuestro sistema comunitario: la familia como núcleo funcional de convivencia; el amor (sin consideración conceptual en las disciplinas específicas) como su nexo fundante y la persona, que en ellos plasma sus más diversas realizaciones vitales? En las veinticinco cuestiones precedentes hallamos, difuminada, la respuesta, y, en los párrafos que siguen, expuesta sin ambages.
.b. Individuos, unidades familiares y organizaciones empresarias.
El propósito de la casi totalidad de los empeños llevados a cabo por los hombres fue siempre el del provecho, no tendría sentido lo contrario, las cosas no se hacen porque sí, siempre las rige un destino de variada envergadura, que vuelve disímiles los tales provechos, sujetos de esa diversa finalidad de los destinos. Así, encontramos, provechos morales, religiosos, ideológicos, económicos ... a veces vinculados entre ellos, otras, por el contrario, altamente enfrentados. Desde la explotación sistemática de los recursos naturales habida en los comienzos del Neolítico, y que, luego de tantos milenios, agotara al planeta, hasta el trabajo esclavo con el que dieran comienzo las civilizaciones, similar al que somete a distintos grupos de inmigrantes en la actualidad, y, a la vez, paralelos esos beneficios con el tesón puesto en la búsqueda de la concordia terrena entre los hombres proyectados por distintas escuelas éticas o el hallazgo del sentido integral de la vida en las religiones, el provecho fue siempre la guía conductora del quehacer humano.
Las organizaciones empresarias poseen, claramente estipulado, el provecho entre las motivaciones esenciales que las llevan a conformarse, estrictamente económico, no otra es la finalidad que mueve los distintos periplos de los que se valen para llevar a cabo sus propósitos: la constante actualización tecnológica, los persistentes rediseños de las oficinas y de la movilidad de los empleados en los ámbitos que las componen para agilizarlas, las distintas doctrinas que utilizan para el logro de una administración coherente y productiva, los sistemas abiertos que las constituyen y, gracias a los cuales, fomentan un constante y necesario intercambio con el medioambiente, el antinómico y dialéctico vínculo con las burocracias estatales o sindicales y la burocracia interna que, por momentos, las vuelve escleróticas, el énfasis en las relaciones interpersonales y las departamentalizaciones en las que van subdividiendo, la estructura de los equipos y el constante perfeccionamientos de sus integrantes mediante cursos de muy variadas índoles, los enlaces con otras corporaciones y el liderazgo interno de los gerentes o proyectado al exterior de la misma compañía, las distintas estrategias para captar nuevos mercados, los conflictos con el personal debido a los salarios o la seguridad laboral que ellos exigen habida cuenta de una flexibilización en el empleo que los hace vulnerables, ante cualquier racionalización, a despidos, no importa en cual etapa de la vida, los juegos de poder a que se encuentran obligadas en los medios donde se desenvuelven, configuran entre otros, las estrategias pragmáticas de las que se valen las empresas para moverse en el mundo.
Si los ítems anteriores caracterizan el movimiento empresarial:¿qué interés puede haber, así vistos, en las empresas que apunte al bienestar del sujeto y su inmediato entorno familiar? La respuesta la encontramos, precisamente, en la variación que las comprende a todas y que incidirá en mercedes diferentes para sus integrantes, con una salvedad, que también las comprende a todas, su lugar común, pese a las diferencias, el lucro.
Las unidades familiares, como reproductoras de la especie, fueron, hasta ahora, las oferentes de cuantos individuos hicieran posible la marcha de las variadas historias del planeta, culminantes en la era planetaria actual, desde los soldados muertos por millones en batallas infames hasta los generales que enviaran al patíbulo a los desertores, los niños explotados por el trabajo que los priva de infancia o quienes se enriquecieran por tamaña injusticia, los empleados en diversos resortes de la economía y sus jefes, y, así, podríamos continuar ejemplificando hasta el hartazgo, raramente fueron consideradas sujetos de esa historia, que ellas promovieran, las familias: su futuro de no depende de ellas mismas, extrema paradoja, las proveedoras de la materia prima, los seres humanos en cada uno de los cuales la humanidad se encarna, siempre van a la zaga de cuanto distintos órdenes, posteriores incluso a su existencia como núcleo fundamental de las sociedades, decidieran qué hacer con su destino.
Las empresas, tal a cualquier otra organización que haya existido, también se valen de las familias para llenar sus espacios laborales, en las correspondencias tendidas entre los distintos componentes del mundo social, signadas por lazos multiplicados en distintos tipos de provecho el porvenir queda abierto en la ecuación disyuntiva siguiente:¿les tocará en suerte, alguna vez, a las unidades familiares (tomadas en su conjunto, no únicamente las asistidas por privilegios económico-raciales) extraer algún tipo de provecho de cuanto dimane de un mundo empresarial que se extiende como una gigantesca mancha omniabarcativa, o, por el contrario, solamente continuarán brindando mano de obra, lo hizo así hasta ahora y, como, por otra parte y muy singularmente atestiguan las comunidades indígenas americanas, expoliadas hasta un agotamiento cuya particularidad consiste en permitirles seguir multiplicándose, para, de esta manera, seguir proveyendo esa materia prima tan necesaria para el crecimiento del planeta que habitamos?
Autor: Carlos Enrique Berbeglia Doctor en Filosofía y Letras. Profesor titular en la Universidad de Buenos Aires.