F A M I L I S

Las Familias y la Televisión. Un modelo único?

Monsieur Gastón Gauthier

Introducción

Las palabras familia y televisión de nuestro título engloban fenómenos de gran envergadura.

Así podemos estimar que la presente comunicación concierne a mas de mil millones de familias, contamos mas de mil doscientos millones de televisores en nuestro planeta y, sabemos que la audiencia televisiva es lo más común en las familias.

A continuación proponer la pregunta Àun modelo único? Nos hace pensar naturalmente a los modelos que los fenómenos de la televisión hacen desear, y más, hacen destacar los aspectos conflictivos de los fenómenos de “la televisión” o bien algunas de sus posturas sociales o políticas.

Las familias de países en vías de desarrollo pueden ser tenidas en cuenta. Podemos observar algunos modelos de familias que la televisión favorece, dentro de dichos países desarrollados que llegan a transmitirse diversamente a familias que viven en países sin electricidad y sin televisión.

Por cierto, aventurarse a hablar de mas de mil millones de familias no permite mas que las percepciones cuantitativas e imperfectas de lo que les pasa a las familias con la televisión.

Pero estas mayorías tienen igualmente su utilidad. Ellas pueden ayudar a imaginar las familias audientes televisivas como inmensas multitudes.

Se definiría con el carácter exclusivamente privado o local que atribuimos a las familias, notablemente en América del Norte, destacando así la extensión y la envergadura absolutamente considerables de estos fenómenos de la televisión a los cuales las familias del mundo se encuentran confrontadas.

Mas aun, ver la audiencia televisiva como la ocupación de mil millones de familias puede ayudar a buscar como las familias se encuentran interesadas por los fenómenos de la mundialización.

Las Familias y la Revolución más Capital

Por otra parte esas inmensas multitudes de familias audientes televisivas pueden imaginarse por la mirada que gira en torno a la historia Robert Lafont, el editor de París sabe comprenderlo y su opinión es sorprendente. Según él:

“La propagación de la televisión en los hogares a constituido la revolución la mas capital que el hombre ha conocido”

Por cierto podemos no compartir la opinión de Robert Lafont e historiadores pueden querer matizarla o contradecirla, pero debemos coincidir en la fuerza extraordinaria y el alcance considerable de lo que Robert Lafont atribuye así, a la televisión.

Los fenómenos de la televisión vienen de lo que puede parecer o imponerse a la historia y mismo a la humanidad, nada menos.

Pasa que nuestros mil millones de familias audientes televisivas y el alcance extraordinario de la opinión de Robert Lafont pueden aclarar la una por la otra de una manera curiosa pero comprensible.

La audiencia televisiva puede mejorar imaginados como una revolución capital o como un negocio de gran fuerza y un alcance inmenso a sobre que esta audiencia concierne a mil millones de familias.

Así esta opinión de Lafont no parece tan exagerada ni extrema, pero puede parecer valida. Inversamente a lo que dice Lafont, que se trata de una revolución capital de la historia, ayuda a ver a las familias y a las sociedades encontrándose colerizadas por las transformaciones profundas.

Unas y otras pueden experimentar “un tiempo nuevo” como también una rotura con su pasado. Por eso la audiencia televisiva hace participar a una revolución, esta audiencia no puede procurar siempre la paz a las familias, ni asegurar siempre el buen funcionamiento de las sociedades.

Pero en la audiencia televisiva pasa seguido lo contrario, porque hace progresar las familias y las sociedades.

Esta dimensión revolucionaria o conflictiva de la audiencia televisiva pasa desapercibida o bien, si reconocemos que se trata de una revolución van seguramente a subrayar los aspectos positivos. A propósito de eso, dejar en claro la mirada del uso hecho en Quebec de la expresión “la revolución tranquila” para designar los cambios sociales ligados a dicha audiencia.

La palabra “revolución” indica la naturaleza propiamente revolucionaria de cambios en causa, mientras la palabra “tranquila” indica la manera pacifica y calma por la cual estos cambios se producen. Así como los aspectos propiamente conflictivos de estos cambios quedan ocultos o son pasados bajo silencio. El no permanece menos que lo que llamamos comúnmente “la televisión”, es una cosa que queda todavía incomprendida o misteriosa a diferentes miradas. La expresión “la televisión” es utilizada normalmente sin dar una definición y ella tiene diversos significados. Por ejemplo:

Moses Znaimer remarca que la televisión es a la vez un objeto (un televisor) y una relación .

Particularmente la popularidad incomparable de “la televisión” como así su propagación en el mundo permanecen ampliamente inexplicada. Y estos mil millones de familias audientes televisivas son todavía como multitudes mal conocidas. Es porque conviene observar ciertos mecanismos, así como ciertas clases de hechos que favorecen la comprensión de lo que les pasa a las familias.

En primer lugar, se trata de remarcar el hecho que la expresión “la televisión” no designa a las familias ni tampoco a los ciudadanos.

Ella puede hacer evocar lo mejor posible los miembros de la familia solamente como auditores de programa, o solamente como participantes de espectáculos televisivos.

En realidad, el uso de la expresión “la televisión” no es neutro. En la mayor parte de los textos o discursos, esta expresión, “la televisión”, sirve para designar no solamente los personajes visibles en la pantalla, sino también los productores y los difusores de programas, sus empleados o los que tienen intereses financieros o de otro tipo en los organismos de producción o de difusión de programas.

Esta expresión favorece seguido las actividades, el lugar o el punto de vista del ambiente de la televisión.

Inversamente, por el uso de esta expresión “la televisión”, el punto de vista propio a las familias así como el lugar y el rol propios a ellos pueden ser subestimadas u olvidadas. Esto puede producirse mismo cuando en el ambiente de la televisión dicen querer servir a las familias, y mismo cuando muestran o difunden escenas televisadas en las cuales hacen representaciones de situaciones familiares.

Es por esta razón, para clarificar las cosas, utilizamos aquí la expresión “el ambiente de la televisión” y no la expresión “la televisión”.

“La Gente” de la Televisión

Las Familias y el Ambiente Televisivo

Las familias pueden comprender mejor lo que ellas viven por la escucha de las emisiones, sabiendo que ellas ocupan a “la gente”. Así las familias ven mejor que ellas ocupan a los interlocutores, y que estos últimos se dirigen a ellas a partir del punto de vista de los productores de programas. De este hecho, las familias pueden clarificar mejor su propio punto de vista frente a “esta gente” de la televisión.

Al mismo tiempo, se dice que las familias ocupan a alguien durante la escucha, nos facilita la observación de lo que pasa entre las familias y la gente de la televisión.

El estudio de la escucha de la televisión puede progresar por el estudio de las interacciones entre las familias y el ambiente televisivo.

Concerniente a las interacciones, podemos inspirarnos en Keith Spicer, el antiguo presidente de CRTC, el organismo que es la autoridad suprema en materia de televisión en Canadá.

Según él, son los deseos y anhelos de los canadienses lo que determinan las orientaciones de su organismo.

Podemos ver una afirmación de la importancia de los deseos en los fenómenos de la televisión.

Según nosotros, los deseos y su potencia constituyen lo esencial de lo que pasa entre las familias y la gente y “la gente de la televisión”. Los movimientos de deseo son a corazón de las interacciones entre las familias y la “gente”.

El Deseo en la Escucha de la Televisión

El deseo se forma aquí como una capacidad fundamental del ser humano. El deseo es una tendencia por la cual un individuo se diversifica en pensamiento o en acción.

El humanista Motaigne escribe:

“Nuestros afectos se llevan mas allá de nosotros...nosotros no estamos jamás en casa, estamos siempre más allá... el deseo nos lanza hacia el porvenir... él nos aleja de considerar lo que ya existe, para distraernos de lo que existirá más tarde, lo que veremos cuando no estemos más acá.”

Una atracción puede inclinar a un individuo a imaginar, o bien a entregarse hacia “otro” lugar que el lugar donde el ya se encuentra. Este individuo puede tender a convertirse en “otro” que el que ya es y cambiarse él mismo, aplicándose a esto. El deseo hace que un padre anhele que su hijo mejore su condición. Además, el hombre que desea puede imaginarse o anhelar vivir un tiempo “otro” que su tiempo actual, un porvenir “otro” que su propio porvenir. El puede experimentar una atracción por un mundo “otro” que nuestro mundo, o por una sociedad “otra” que nuestra sociedad.

El Deseo “Según el Otro”

Por otra parte el deseo de un individuo no lo aleja de él mismo, y no lo separa de otros individuos. Es una atracción que lleva a un individuo a actuar no solamente con relación a él mismo o según él mismo, sino en relación o en función de otro individuo. El deseo de un individuo A hace tierno a actuar este según otro individuo B. El deseo de A lleva a este según un atractivo que él ve o imagina ver en el B. Así el deseo de A es un deseo según B, dicho de otra manera es un deseo según “el otro”, como lo ha escrito René Girard, profesor de la Universidad de Stanford.

Es por este deseo, “según el otro”, que la escucha de la televisión se hace y se juega esencial y principalmente. Mas precisamente, en la escucha de la televisión cada miembro de una familia se anima, no según el mismo, sino según los “otros”, es decir, según “la gente de la televisión”.

Es para destacar que también logra que ese miembro se anime. Cada familia de auditores siente atracciones no según ella misma, sino según los atractivos que viene de “la gente de la televisión” y que ellos han atribuido a los personajes o bien que son ligados a escenas que difunden.

Esos deseos “según el otro” son los factores mas determinantes y los más eficaces de la escucha que las familias hacen de las emisiones. Los atractivos de las familias son sus emociones con relación a lo que les parece deseable en sus escuchas de emisiones.

Estas atracciones se forman, se intensifican y varían por los atractivos que la “gente de la televisión” hace sentir a sus auditores, bajo forma de sugestión, de invitación, de cumplido, de promesas o de otro modo. Las familias se animan y se dinamizan por representaciones de deseos o de modelos los cuales vienen de la “gente de la televisión”. Por ejemplo, ver de un lado las atracciones de las familias por los programas que vienen, y del otro lado, ver los atractivos que la “gente de la televisión” atribuye a sus programas, que viene cuando su gente hace la publicidad. Es decir que estas atracciones de las familias se enganchan y se intensifican por los atractivos de esta gente.

Las Imágenes y los Sonidos

Las imágenes y los sonidos que llegan a las familias por sus televisores no son para desatender. Las imágenes y los sonidos sirven de una manera directa para fijar la atención de los auditores, e indirectamente para desviar y desinteresarlos de otra cosa que no sean sus emisiones. Su función y su eficacia son indiscutibles. De hecho, estas imágenes y estos sonidos se hallan para activar los ojos y los oídos de los auditores de las emisiones.

Podemos imaginar los ojos y los oídos, como dos colectores, sean dos estructuras sensoriales, que la “gente de la televisión” estimula en el auditor. Es interesante notar que la atención del auditor de la radio se encuentra fijada por la acción de una sola estructura de percepción sensorial: las orejas y que permite a este auditor disponer aun de su suficiente capacidad de atención para poder seguir otras actividades, mientras el escucha la radio. El auditor de la radio acuerda así una cierta libertad mientras que la atención del telespectador se encuentra fijada por dos estructuras sensoriales, los ojos y las orejas. Esto monopoliza la atención del telespectador e impide así a este de hacer otras actividades, mientras el escucha una emisión. De esta manera el telespectador puede sentir mas tiempo los atractivos que viene de la “gente de la televisión.

Los deseos y las imágenes

En la escucha de la televisión, los sonidos y las imágenes en primer lugar aumentan su eficacia y ante todo combinándose a la acción de los deseos. Estas son las atracciones de los miembros de las familias hacia lo que parece “otro” así que el tratamiento de estas mismas atracciones por la gente de la televisión, quienes confieren una gran parte de su poder y de sus atractivos a las imágenes y a los sonidos del televisor.

Por ejemplo, estas personas muestran a los niños que están frente al televisor dinosaurios deseables a pesar del aspecto poco simpático de estos animales.

Precisemos que la gente de la televisión proceden en primer lugar por un modelo de deseos. Es decir que esta gente pone primeramente en su espíritu lo que les parece deseable (o indeseable) para sus auditores. Y una vez que esta gente considera tener tal modelo de deseos, se esfuerzan para realizarlo. Es decir que esta tiende a conformar los deseos de sus auditores, y a expresar ese modelo por los arreglos de los personajes y la elección de imágenes y sonidos.

Subrayemos aquí un punto esencial, visto que pueda poco aparente e insuficientemente, tenido en cuenta: la escucha de la televisión está echa de movimientos del corazón y la imaginación, mas aún que esta hecha para las percepciones de los ojos y las orejas.

A este propósito, es alcantarillo observar que los deseos que animan la escucha de las emisiones pueden durar más tiempo que la percepción visual de las imágenes de esta emisión. Los auditores lo hacen ver de diferentes maneras. Ellos se animan a hablar de una emisión que ya han visto, o bien se regocijan nuevamente o se identifican nuevamente con sus personajes, al final de esta emisión, dos horas y mismo dos días después que sus ojos han dejado de ver las imágenes en su televisor. Esto ayuda a ver que los deseos de los auditores continúan a arrastrando esto.

En la escucha de una emisión, los atractivos que los auditores sienten y los atractivos que vienen de la gente de la televisión son los que determinan los comportamientos de los personajes que aparecen en la pantalla. Estos comportamientos se encuentran en los movimientos de los deseos.

Los personajes son activos es por eso que los gestos que le hacen falta poner son deseables. Por eso conforman los deseos de los auditores, todos los comportamientos le son posibles o permitidos. De otro modo, si sus comportamientos no son o no parecen deseables, estos personajes, parecen perder su valor, o bien, se vuelven intercambiables. Los personajes de las emisiones son criaturas de deseos. Los personajes que no lo son ni aparecen para nada, o bien son mostrados como indeseables. Tomemos como ejemplo un niño que mira una emisión en la cual un héroe o un personaje simpático que hace un gesto de tirar con un arma de fuego. Esto que se muestra al niño es que ese gesto es el negocio de un héroe y que se trata de un gesto loable o deseable.

Así el niño puede aprender que es deseable tirar con un arma a cualquiera, sin por ello, aprender a utilizar un arma oportunamente ni con discernimiento...

Concerniente a la producción de esta emisión, poniendo un arma en la mano de un héroe, o de un personaje simpático, la gente de la televisión hacen y difunden una representación por la cual el deseo de tirar a cualquier persona está mostrado de una manera deseable. Esto no equivale a una incitación explícita de poner el gesto de tirar. La gente de la televisión no hace que el niño se anime a hacer el gesto de tirar a cualquiera. Aquí tampoco hay una representación del comportamiento de tirar, la que será “neutra” u “objetiva”. Se trata de una expresión de deseo. El niño no se equivoca, no guarda ni esconde su entusiasmo por su héroe tirador. Lo que indica que su deseo se convierte en un deseo según “los otros”. Sea según la gente de la televisión. El niño se convierte así en un imitador del deseo de esta gente.

À Pero cómo la imitación que un niño hace de la gente de la televisión puede compararse con la imitación que él hace de sus padres?.

Las Familias y el deseo de los niños

Sabemos que en materia de deseos, las familias y la gente de la televisión reaccionan de manera diferentes con los niños. Sus diferencias pasan seguido desapercibidas, pero ellas traen consecuencias para la educación de los niños.

En las familias, los padres tienen su manera de tratar los deseos de sus hijos, mientras que la gente de la televisión tiene otra manera de tratar los deseos de los niños a los cuales destinan sus programas.

Así, podemos observar fácilmente que los padres no tienen buenos resultados en cuestión de fijar la atención de sus hijos y no tienden tampoco a cautivarlos. El entorno a los vecinos se preguntan cuando un padre retiene fijamente la atención de su hijo. Mientras que la televisión no cesa de cautivar a los niños con sus programas.

Es necesario convenir que esta gente en eso tiene buenos resultados, viendo que los niños se quedan frente al televisor durante horas y horas. Para esta gente la fijación de la atención de los niños y los llamados explícitos a los efectos de ellos ejercen una función la cual no se observa en sus casas.

Por otra parte los padres pueden, algunas veces, se reservan, o bien tienden a no decirle todo a sus hijos. Mientras la gente de la televisión no parecen reservados como lo son los padres y ellos están más dispuestos a decirles todo a los niños, a los cuales se dirigen por medio de sus programas. Así una búsqueda de Elkin6 mostró que la gente de la televisión es más permisiva que los padres con relación a las preguntas de la educación sexual de los niños.

A continuación, los sueños de los niños son aceptados y tratados diferente por los padres y por la gente de la televisión. Así los padres, pueden querer conocer como sus hijos reaccionan después de sus sueños, o mismo inquietarse por las pesadillas y los malos sueños de sus hijos. De su lado la gente de la televisión no parece preocuparse tanto por las pesadillas de los niños, viendo a ciertos personajes que pueden mostrar en sus personajes.

Los Sueños de los Niños

Lo que más importa es que la gente de la televisión puede tratar los deseos de los niños como una especie de “soñar despiertos”, durante sus programas. Es notable que esta gente proceda sin la presencia de los niños a los cuales difunden sus emisiones.

Para ellos son así de encantadores, el “soñar despiertos” de los niños no les concierne a los padres. Lo sabemos, los padres tratan los deseos de sus hijos a través de la relación con ellos y con su presencia cerca de sus hijos. Lo que lleva a que los padres puedan contradecir ciertos deseos de sus hijos, comprendiendo sus sueños despiertos. Los conflictos se producen también entre los padres y sus hijos, mientras que no observamos conflictos entre la gente de la televisión y sus auditores jóvenes.

Por otra parte, los padres y la gente de la televisión no consideran de la misma manera las imitaciones hechas por los niños de los personajes que los atraen. De su lado, por sus programas, la gente de la televisión elaboran personajes atrayentes de manera de atraer todos los días y más firmemente a los niños. Ellos no cesan de mostrar como sus personajes son populares cerca de los niños y sobre todo de hacerlos amados mas por los niños que por sus auditores.

De su lado en la vida cotidiana los padres consideran de otra manera todo lo que puede atraer a sus hijos o suscitar su imitación. Así los padres quieren observar con prudencia o con inquietud un adulto que puede atraer a un niño sobre todo si se trata de alguien que le es desconocido. Los padres pueden preocuparse de las imitaciones que sus hijos pueden tender a hacer de ciertos personajes, entonces ellos vuelven a dudar de los atractivos sobre sus hijos. Por ej. : es sabido que en el conjunto de los países, los padres temen que sus hijos tiendan a imitar los personajes violentos de los programas. Viendo el entusiasmo de sus hijos por ciertos de éstos personajes algunos padres dicen también temer por el futuro de sus hijos.

Por otra parte, importa tanto ver que la gente de la televisión muestra también personajes tranquilos a los niños. Es un hecho que esta gente simule en los niños una imitación de personajes tranquilos y no sólo imitaciones de personajes violentos. A la gente de la televisión les conviene tener atentos y encantados a los niños en lugar de contradecirlos.

Para constatarlo, tienden a una comprensión más amplia de la imitación de deseos que intervienen entre los niños auditores y la gente de la T V. Están advertidos del hecho de que esta gente se aplique a atraer o mismo a seducir a sus jóvenes auditores.

Hay un artista que supo ver esta imitación que los niños hacen de los modelos que le llegan de la gente de la TV. Se trata de Quino, un artista de renombre internacional, Joaquín Salvador Lavado es su verdadero nombre y es de origen argentino. Un dibujo de Quino nos muestra a un niño que prefiere tomar un personaje de la TV como su modelo antes que tomarlo a su padre. Quino descubre e ilustra magníficamente la imitación, los modelos y los sueños, que intervienen en la escucha de la televisión.

La imitación del niño

La imitación constituye una especie de ley universal en los seres vivos. Los fenómenos de la imitación se observa en los animales, los insectos, las plantas y los peces, así mismo en los humanos.

De esta manera observando a los niños jóvenes podemos ver no solo la importancia de la imitación por su aprendizaje y por su desarrollo, pero podemos así explorar los fenómenos de la imitación. En los niños aprendemos fácilmente que la imitación humana no es un automatismo. Ella muestra variaciones y puede incluir ciertas incertidumbres o ambigüedades sobre todo, un niño habla de su imitación más abiertamente que un adulto. El niño no duda para nada en decir o mostrar que imita a otro niño o bien lo que toma como modelo a imitar. Mientras que los adultos pueden dudar en admitir a otros adultos. Nuestro modo de vida presente les da coraje a los adultos para decir que ellos son los primeros en tener una iniciativa o una idea nueva. Cuando los adultos se encuentran frente a otros en situaciones reales no es sabio ni de buen gusto que un adulto diga que ha imitado a otro. Esto puede suscitar o avivar rivalidades.

No obstante, los adultos accionan mas libremente cuando se inspiran en personajes que ven en la escucha de las emisiones. Ellos no vacilan en reconocer que son inspirados por uno u otro personaje. Ellos se refieren a esos personajes en sus conversaciones y mismo pueden dejar ver imitaciones que ellos hacen.

Pero para tener una imagen mas clara de las imitaciones de los deseos en la escucha de las emisiones, conviene mirar a los niños jóvenes.

La espontaneidad y el entusiasmo que el joven niño muestra hacia los personajes de las emisiones, son sumamente remarcables.

Remarquemos que se trata de personajes imaginarios e irreales, el niño puede verlos no solamente como personas reales, sino también como personas teniendo trato superiores a los de las personas reales.(ejemplo: Si un personaje se echa a volar en el cielo, el niño puede creerlo y echarse a volar con él).

Por otra parte, los personajes imaginarios o inexistentes pueden ocasionar semejantes efectos a los jóvenes niños, tan eficaces como los que provocan los personajes reales. La eficacia social de los personajes imaginarios o inexistentes, resulta de una interacción entre el niño y la gente de la televisión.

Primero viene lo que podemos llamar iniciativa o acción de la gente de la televisión. Estos hacen y difunden representaciones de personajes o situaciones en las cuales aumentan los atractivos y tienden a dejar conformes los deseos de sus auditores. Estas representaciones son imitaciones, reflejos u espejos de los deseos de sus auditores. Y por estas representaciones la gente de la televisión opera sobre los deseos del niño y no se limitan solo a estimular los ojos y las orejas de estos por los personajes.

A continuación también está la reacción del niño frente a los atractivos en los que la gente de la televisión decoran sus espejos sus modelos de deseos. El niño no es insensible a todo esto. Lo sabemos, el niño tiene tendencia a la imitación de lo que le parece deseable. Por otra parte, el deseo que anima al niño con relación a esto que es “otro” no cesa de arrastrarlo, poco importa que los personajes de una emisión sean reales o imaginarios. Es necesario y es suficiente que el atractivo interior en el corazón del niño se enganche por los atractivos de los espejos de deseos en los que la gente de la televisión hacen sus representaciones.

En estas condiciones el niño tiende a reaccionar o bien a dar curso concreto y práctico a sus deseos. Ahora bien, es necesario acordarse del proverbio” la verdad sale de la boca de los niños”, cuando un niño e entusiasma por un personaje televisivo o cuando un niño toma este personaje como real. Podemos así convenir que la sensibilidad de los niños constituye un detector mas refinado y mas preciso que la sensibilidad de los adultos.

A este propósito nosotros los adultos tenemos que aprender de los niños ciertos puntos esenciales, saber que si de hecho y en realidad, dentro, detrás de las emisiones que miramos tenemos realmente que ver con “otro”, a la gente de la televisión en carne y hueso, lo que no vemos.

Que los personajes que vemos en la pantalla nos impiden soñar a la misma gente que no vemos. Que por nuestra escucha de las emisiones nosotros los auditores, estamos en interacción con la gente de la televisión las cuales quedan invisibles a nuestros ojos, pero nuestra interacción con esta misma gente se nos escapa porque nuestra atención queda fijada y cautiva por las apariencias de los personajes visibles en la pantalla. Sabiendo sobre todo que por nuestra escucha nuestros deseos adultos se interaccionan con otros deseos que provienen de esos “otros” que son la gente de la televisión y también que esta gente se encuentra para reaccionar sobre nuestros deseos así como operar en función de nuestros deseos. Pues los niños saben sentir vivamente todo esto y lo dicen o bien lo manifiestan abiertamente.

Mejor aún la espontaneidad del niño también puede ayudar a los adultos a descubrir la identidad de “este otro” ó de “estos otros” a quienes estos adultos tienen que ver en sus escuchas televisivas. Dicho de otra manera el niño nos ayuda a descubrir que este “otro” o “estos otros” son la gente de la televisión. Así las relaciones entre los auditores adultos y la gente de la televisión resaltan mejor o se dejan observar más fácilmente.

Vemos mejor que estas relaciones están hechas de deseos o de emociones y en consecuencia perciben mejor la profundidad del impacto.

Los adultos pueden meterse a considerar de otra manera a la gente de la televisión sabiendo que la gente de la televisión está para distinguir los personajes que aparecen en la pantalla de sus televisores.

La gente que produce u orienta estos programas pueden no ser vistos o no ser conocidos por los auditores.

Entre estas personas muchos aparecen raramente o jamás en la pantalla de los televisores. Las empresas u organismos dichos de “la televisión” también hacen seguido operaciones que permanecen muy complicadas para ser tomadas a primera vista, su acción institucional es muy poderosa pero ella pasa mal en la pantalla. Sus recursos financieros son muy importantes pero nadie le presta atención.. Estos organismos operan con métodos y sistemas por su programación y sus estrategias. Ellos sacan de esto una buena parte de su eficacia y su poder.

No obstante el poder de estos organismos viene del hecho que ellos operan sobre los deseos de los auditores. Esta gente de la televisión parece tener la iniciativa de poner o promover los seres de deseos o los modelos de deseos. Lo constatamos notoriamente cuando los escuchamos hablar del público o de lo que ellos llaman “nuestro público”. Esta gente expresa seguido su voluntad de conformarse con los deseos de este público del que ninguna persona puede dudar. Más aún, ellos anhelan visiblemente que su público sea el más numeroso posible y que se adapten sin cesar y tanto como puedan. De hecho esta gente reúne grandes multitudes de auditores si bien que cada uno puede observar que una atracción formidable emana del dicho “público” o bien de estos grandes locos y se ejerce sobre esta gente y estos organismos de la televisión.

La importancia de prestarle atención al poder de esta atracción. El público al cual la gente de la televisión dice conformar son en realidad locos inmensos y ellos tienen el poder de atracción propio de los locos. Esto es seguido de una atracción irresistible por la cual inmensos locos imponen sus deseos y dominan la gente de la televisión. Entre esta gente ciertos individuos o grupos pueden tentar de escaparse pero ellos lo alcanzan difícilmente. La atracción de estos locos dicta su ley a las empresas y a los organismos de la televisión.

La locura de los auditores tomada como una “tercera parte”

Lejos de apartarse de los grandes auditores la gente de la televisión sabe recurrir a ellos por todo tipo de motivos y en todo tipo de situaciones. Esta gente no ignora el peso social, cultural, económico, o político de los inmensos locos. Ellos pueden naturalmente felicitarse y tender a encontrar ventajas. Por ejemplo en razón de la talla de sus grandes auditores, los autores de telenovelas pueden estar comparados con los autores de libros, en los que los lectores son mucho menos numerosos. El investigador Jean Pierre Desalniers hace este tipo de comparación cuando pregunta “quien (que autor de libros) puede pretender ser leído por lo menos por dos millones de personas cada semana?”.

Y como ningún autor de libros puede tener esta pretensión el autor de la telenovela resulta favorecido viendo que todos y cada unos pueden decir de esto: Más de dos millones de auditores están a la escucha de su telenovela.

Mejor aún en conflictos o preguntas que conciernen a la gente de la televisión, estos no quieren quedarse solos para afrontar sus adversarios. Ellos pueden hacer que un auditorio o un público se convierta en una “tercera parte” y que esta “tercera parte” sea o parezca favorable a su causa. Es decir que esta gente puede invocar la masa de sus auditores y hacer una tercera fuerza, la que los apoya a les garantiza, frente a los políticos, a los grupos, a las instituciones, a los individuos o a todos los que puedan refunfuñar a propósito de sus programas, o bien oponerse a esta misma gente por alguna otra razón.

Remarquemos también que la gente de la televisión puede así recurrir a sus grandes locos de auditores para responder a ciertos padres, los que se quejan de la violencia televisada. El aumento de esta gente ahora es fuerte y puede tener en las preguntas siguientes que esta gente puede proponer a estos padres: Cómo puede usted quejarse, cuando nuestros programas son mirados por centenares de millones de niños?. Por qué su hijo tiene que ser tratado diferentemente de todos los otros niños de los cuales sus padres no se quejan como lo hace usted?. Y así las grandes masas de niños que escuchan las emisiones aseguran el tiempo de la gente de la televisión sobre los padres recalcitrantes.

Por otra parte la gente de la televisión puede tomar a estos locos de auditores y hacer una “tercera parte” para las apuestas o para las luchas concernientes a la opinión pública. La que se comprueba extraordinariamente eficaz contra los políticos o contra los líderes de opinión cuando estas pueden parecer desfavorables, a los ojos de la gente de la televisión. Los candidatos a algunos puestos o funciones políticas tienen naturalmente el hecho de tener que ver con un “público” para entender la gente de la televisión, decir que ese público les parece desfavorable de alguna manera. Por esto ninguna persona quiere cargar esos grandes locos sobre sus espaldas.

Sin decir que tal recurso para estos locos como una palanca social o una estrategia política, social o cultural, es muy frecuente y muy eficaz para pasar desapercibido. Diversos grupos de interés político, financiero o publicitario quieren naturalmente sustraer esas masas de auditores para control de la gente de la televisión. Las luchas por el control de esas masas de auditores arrastran las diversas cadenas y estaciones de televisión a las que enfrentan.

La atracción, el poder y el peso de estos grandes locos de auditores no pueden ser subestimados por las familias ni por los ciudadanos. Estos inmensos locos arrastran a la gente de la televisión favoreciendo ciertos modelos de vida o comportamientos.

Y no es evidente que los modelos deseados por o para los locos sean siempre modelos queridos por las familias, por sus niños o por sus miembros. Aquí vemos bien claro recordando como los padres son modelos para sus hijos.

Los Padres Modelos de sus Hijos

Que los niños tomen a sus padres como modelos es bien conocido. Los niños a los que se les impide esto sufren. La irritación que el niño hace de sus padres releva la experiencia y la sabiduría colectiva. Por ejemplo, decimos que la primer lengua que un niño aprende, es “su lengua maternal”. Esto significa que el niño la aprende por la imitación de los sonidos, las sílabas y las palabras de su madre. El niño toma a su madre como un modelo lingüístico y toma a sus padres como sus modelos también para adquirir sus ideas, sus emociones, sus deseos, así como para buscar el sentido de la vida. Esto quiere decir, los padres de los niños no son únicos modelos, el niño puede sentirse atraído por otros modelos.

La atracción del niño por los personajes de las emisiones

En la escucha de las emisiones de televisión, los niños se encuentran delante de los personajes atrayentes, simpáticos y seductores. Una atracción emana de estos personajes, la que lleva al placer o al entusiasmo de los niños. Mas precisamente, los niños se encuentran bajo la atracción de deseos que la gente de la televisión atribuye a sus personajes o que su gente inserta en sus emociones.

En realidad, esta gente de la televisión produce y propone modelos de deseos a los niños.

Sustitución de Modelos a Imitar por los Niños

En los niños estos modelos que vienen de la gente de la televisión pueden sustituir a los modelos que son sus padres. Un testimonio cuenta el siguiente hecho. En después de la llegada de la televisión, durante los años sesenta, la difusión de los programas de la televisión pudo hacerse en ciertas ciudades, pero se encontró impedida en otras ciudades por las colinas y por otros accidentes del terreno. Ahora bien, fue observado, que en estas últimas ciudades, que quedaron sin televisión, los niños continuaron imitando a sus padres en sus juegos, mientras que en otras ciudades que recibieron la televisión, los niños fueron introducidos tempranamente a imitar a los personajes de las emisiones. Por lo tanto, la importante investigación de Tannis Willams llega a resultados similares, al estudiar tres comunidades para seguir de cerca los cambios introducidos por la televisión.

Sustitución entre los modelos parentales y los modelos de la gente de la televisión.

Los padres y la gente de la televisión ofrecen modelos diferentes a los niños. Los padres tienen su propia manera de reaccionar frente a los sentimientos de sus hijos, hacia ellos. Y la gente de la televisión tiene otra manera de tratar los sentimientos de los niños que escuchan sus programas.

Así según Pierre Juneau, la televisión “Excita nuestra imaginación y nuestros sentimientos”10.

Podemos convenir que los padres a veces pueden querer calmar los sentimientos de sus hijos.

Por otra parte la gente de la televisión parece más permisiva que los padres. Esta gente favorece las expresiones más libres o más audaces de los deseos de los niños y de los jóvenes. Remarquemos a este propósito que la gente de la televisión puede asumir la responsabilidad de las representaciones de los deseos que ellos difunden a los niños, pero que esta gente no asume las consecuencias ni los pasajes al acto, que puede seguir en los niños. Mientras que los padres, se consideran responsables y son tomados como responsables por la sociedad, por los comportamientos y las consecuencias concretas que las emociones o los deseos enganchan en sus hijos, inclusive cuando se trata de deseos representados en las emisiones.

Los padres modelos menos agradables

Por otra parte los padres están atentos a los deseos de sus hijos, ellos naturalmente quieren que sus hijos estén a gusto. Pero los padres también pueden expresar su disgusto a sus hijos, para su seguridad, por su salud, por su educación o por otras razones. Lo sabemos, los padres algunas veces se oponen a lo que ellos creen indeseable en el comportamiento de sus hijos. Lo que contrasta con el hecho de que la gente de la televisión expresa raramente su desagrado a sus auditores, jóvenes o adultos. Y es lo que hace que los padres puedan ser modelos menos agradables para los niños.

La gente de la televisión: modelo más accesible

Además, los padres se encuentran a ser modelos de sus hijos a través de la vida, ella misma así como a través de las exigencias prácticas de esta. Allí hay todo lo que se requiere, la alimentación, la vivienda y la vestimenta que se procura y se prepara día tras día, las enfermedades a cuidar, los trabajos escolares y todo el resto. Por esto los padres son modelos sobrecargados de tareas, mismo menos disponibles a los ojos de sus hijos. En comparación es necesario convenir que a los ojos de los niños, la gente de la televisión puede parecer mas libre de problemas, o más despejados de trabajos que hacer y volverse así modelos más ágiles, más accesibles a los ojos de los niños.

Luego los padres y la gente de la televisión tienen actitudes y comportamientos diferentes con relación a las imitaciones que los niños hacen de los modelos que unos u otros le ofrecen. Pasa que los padres se acomodan cómodamente, o se divierten con la imitación que los niños hacen de ellos mismos. Pero para los padres, esta imitación es innata y temporaria y los padres desean que tarde o temprano su hijo pueda volar con sus propias alas y volverse hacia otra gente. Para los padres, su imitación por su hijo no constituye un fin en sí mismo. Ella es un medio y debe servir al desarrollo del niño, a su educación o a su futuro.

Los espejos de los deseos: el objetivo que se espera

Además la gente de la televisión se comporta de otra manera con relación a su imitación por los niños. Ellos no cesan de estimular a los niños hacia los atractivos que ellos meten en sus programas. Ellos quedan siempre más seductores que los modelos de deseos en los cuales ellos hacen las representaciones. Ellos no cesan de sugerir los deseos o alentar sus imitaciones. Esta gente acciona de manera tal que la imitación de sus deseos por los niños se renueva sin cesar y sin detenerse, todo pasa como si para esta gente las representaciones de deseos o los espejos de deseos no son sólo medios sino objetivos a esperar.

La gente de la televisión hace diversos discursos con respecto a los deseos de los niños que escuchan sus emisiones. Así ellos dicen seguido como ellos mismos se esfuerzan en tener en cuenta los deseos de los niños, mientras que les es posible hacerlo.

Esta gente multiplica las declaraciones mostrando que sus programas se conforman en todos los puntos de los deseos de los niños y pareciera cuando escuchamos su publicidad por los programas que vienen, les escuchamos prometer y garantizar el placer de los niños por el futuro.

Estos discursos tienen sin duda por función propagar la difusión de los programas y de difundir la escucha. Pero como estos discursos se refuerzan los unos con los otros constatamos en la gente un esfuerzo y una insistencia en decir la imitación que ellos hacen de los deseos de los niños sin olvidarse que la gente felicita estas imitaciones que ellos hacen.

Al contrario, los padres no se activan de esta manera ni con insistencia por decir que ellos se conforman de los deseos de sus hijos. Como si los padres no ambicionaran tanto volverse espejo de deseos de sus hijos, ni de expresarse como tales.

En hecho, los padres pueden interaccionar con sus hijos de otra manera que por las palabras.

Ellos lo hacen por su contacto cotidiano con sus hijos y en una relación cerca y global con el niño.

Ellos pesan o aprecian estos deseos en función de su condición de vida y tienden a ver los deseos de sus hijos haciendo proyectos para ellos, sea pensando en su futuro.

Los modelos para millones de niños

Por otra parte, sabemos que la gente de la televisión tiene su negocio en las masas de niños y de jóvenes. Le hacen falta preparar sus personajes y sus modelos para tres grandes locos, las centenas de millones frecuentemente para millones y millones de niños o de jóvenes y cuando esta gente destina sus programas a categoría de jóvenes, por ejemplo, la categoría de adolescentes, ellos tienen ahora que ver con las grandes multitudes de jóvenes.

De tales locos pueden sentir mejor la atracción de modelos que son a su conveniencia. Y la gente de la televisión puede deber buscar y difundir a los jóvenes personajes más “sorprendentes” con rasgos mas marcados. Ellos deben reforzar ahora los atractivos modelos de deseo en los cuales ellos difunden las representaciones a los jóvenes.

Mientras que los padres no tienen que ver con tales masas de jóvenes. Ellos son modelos solamente para sus hijos o para los jóvenes de su familia. Esto les pasa a los padres como sin preparación de su parte y sin publicidad.

Los padres son “tomados” como modelo por sus hijos pero ellos no hacen su autopromoción en calidad de modelos. Además ellos no aparecen como modelos “sorprendentes” y a medida que la personalidad de los niños o de los jóvenes se desarrolla, los modelos parentales se esfuman dejándoles lugar....

No obstante conviene mirar también la semejanza que parecen observarse entre estos dos tipos de modelos.

Semejanza de modelos parentales con los modelos de la gente de la televisión

Sucede que por su propia escucha los padres sienten en ellos mismos los atractivos que la “gente de la televisión” les dan a ver. Así, los padres van con los otros auditores hacia las personalidades de la televisión. La inmensa popularidad de las vedettes cautiva también a los mismos padres.

Ellos son atrapados por los aplausos de los auditores de la televisión, por su entusiasmo y sus otros impulsos. Y en su escucha de las emisiones, los padres son sumisos a los reflejos y a los espejos de deseos que la gente de la televisión suscita, estimula y organiza para su programación. Lo que hace creer que los mismos padres pueden tender a imitar los modelos de deseos que vienen de la gente de la televisión.

Por otra parte, recordemos que son los mismos padres que dejan las emisiones accesibles a sus hijos. Sobre todo, mirando sus emisiones en presencia de sus hijos, los padres se muestran a sus hijos como estando ellos sumisos a los atractivos de lo que viene de la gente de la televisión.

Desde entonces, para los mismos padres no es simple ser modelos para sus hijos.

Una cierta ambivalencia, sino una ambigüedad se liga a los modelos que los niños pueden imitar. En la práctica, los padres dejan así a sus hijos delante de los atractivos diversos y variables. Sus hijos pueden ser así atraídos, atrapados diversamente, sino tironeados.

Luego son otros atractivos que provienen de la gente de la televisión que relevan a los niños por sus padres y los niños toman ahora otra dirección. Y esto ocasiona naturalmente preguntas que conciernen las orientaciones de la educación de los niños, la orientación profesional de los jóvenes, o mismo concierne el objetivo que da su existencia.

Esto muestra que las relaciones de las familias con la gente de la televisión puede comprenderse mejor aún mirando otros fenómenos que parecen aventajar o dominar los deseos de unos y de otros. Lo que conduce a lo que puede llamar un cierto “espíritu” o bien las cosas del “espíritu”.

El corazón y el espíritu de los niños...y de los adultos

Pierre Juneau escribe también que la televisión comercial pone en causa “el corazón y el espíritu” de los niños. Ahora bien leer así la palabra “espíritu”, hace pensar en lo que está mas allá de los fenómenos observables o mismo a la forma de vida del espíritu o de la vida espiritual. Y esto da a examinar lo que puede parecer extraordinario o mismo sobrehumano en las relaciones entre las familias y la “gente de la televisión”

De hecho, varias cosas extraordinarias, propiamente gigantescas o sobrehumanas son seguido atribuidas o ligadas a la palabra “televisión”.

En primer lugar las sílabas “tele” de la palabra “televisión”, hacen imaginar que hay una capacidad de ver, la que domina la distancia o hace desaparecer las tensiones del espacio. Luego, al parecer, puede ser pregunta “del pueblo global”. Lo que hace pensar a una capacidad de extender la vida que podemos encontrar en un pueblo para hacer una vida a la escala de la tierra. Mismo a imaginar mas ampliamente lo que calificamos como ser “extraespacial”, ver un mundo y seres “extraterrestres”.

A continuación, se dice frecuentemente que lo que llamamos la “televisión” actúa sobre el mismo tiempo, sea sobre la conciencia de lo que se vuelven las cosas y los hombres.

El comienzo de las actividades de las estaciones de televisión en los años 50 ó 60 pasó así por poner en marcha un “tiempo nuevo” en la mayor parte de los países lo que da a pensar que hay una fuerza capaz de imponerse al tiempo (el mismo), o bien una capacidad de introducir un viraje decisivo (o momento crucial) absolutamente mayor en la historia sea “la revolución la más capital”, como dijo Robert Lafont.

Después, Pierre Juneau dijo también que “la televisión” puede gustar a un vasto público tanto en la ciudad como en el campo.

A este propósito, podemos convenir que la televisión tiene la capacidad de superar las diferencias entre la ciudad y el campo o de reducir lo que distingue sus mentalidades y su modo de vida, simplemente notar que el vasto público del que hablamos son en realidad inmensos locos, para los cuales tiene el poder de hacer desaparecer todas las diferencias...queda solamente saber si conviene felicitarlos por esto.

En fin, sucede que el impacto cultural de lo que llamamos “la televisión” se encuentra comparado a “la bomba atómica”, según Iiss Jeffrey, director del Museo de la Televisión MZTV. Y es ahora otra capacidad verdaderamente extraordinaria que se trata de atribuir a lo que llamamos “televisión”.

Todas estas capacidades, que mencionamos son ciertamente extraordinarias y al mismo tiempo impresionante. Pero evitemos de ver la desmesura o la exageración. Hay mejores por hacer. Se trata de añadir estas capacidades unas con otras para tenerlas juntas ante los ojos. Así lo que llamamos “la televisión” tiende a elevarse mas alto, por encima de las cosas humanas más ordinarias. Y su altura aumente mas para bien de otras capacidades extraordinarias que de otros autores o comentaristas atribuyen ellos también a los que todos llamamos “televisión” así, para todas sus capacidades más eminentes las unas que las otras, lo que llamamos “la televisión” nos lleva hacia un ámbito superior al de los humanos, o bien nos ofrece una ascensión a un orden sobrehumano.

Las familias y la gente de la televisión en un ámbito sobrehumano.

Como hemos dicho anteriormente, animarse por los deseos “según el otro”, los miembros de las familias tienden a una vida “otra” que su propia vida.. Y de la misma manera las familias aspiran a convertirse en familias “otras” que ellas mismas.

La “gente de la televisión” conoce esta atracción de las familias, y se activan a estimular en ellas esta atracción sobre eso que es “otro”. Por ejemplo en sus telenovelas o bien en sus series televisivas esta gente de la televisión muestra los atractivos de las familias “otras” que las que sus auditores pueden conocer ya. Y las clases de familia ya conocidas son calificadas como "tradicionalistas” o bien peor aún ellas son poco atractivas.

Las familias de generaciones anteriores parecen hundirse en una “negrura”. Esta gente de la televisión se activan para hacer y difundir representaciones de deseos por los que las familias que los escuchan se encuentran atraídas hacia las familias “otras” sea así las familias “nuevas” atrayentes y mejor “informadas”.

Una diferencia de estatuto se hace así entre las familias y la gente de la televisión y ello se hace para aventajar a los últimos.

Ellos pasan por los que tiene la capacidad extraordinaria de hacer alcanzar “la familia nueva”, sea la “otra” familia, como también tienen la capacidad extraordinaria de hacer “la revolución la mas capital” la capacidad extraordinaria de iniciar “un tiempo nuevo”, la capacidad extraordinaria de...etc.

Las familias son por el contrario desfavorecidas en su relación con la gente de la televisión.

Primeramente ocurre que en su escucha ellas dejan de lado sus propios deseos inclinándose hacia los deseos según los otros. Luego las familias se encuentran dependientes de las representaciones deseos que la gente de la televisión les hacen. Esto se logra por la ignorancia de las mismas familias

o por la inatención de las mismas, viendo que las familias quedan cautivas de las imágenes y los sonidos durante sus escuchas.

Una pérdida que se convierte en una ganancia

Todo pasa como si esta pérdida que las familias sufren se convierte curiosamente en ganancia. Para verlo, pensar que ellas se desprenden fácilmente de sus relaciones con sus familiares a fin de introducirse en la escucha de la gente de la televisión. O bien pensar que su escuchar de emisiones puede privarlos de tener otras actividades.

Pero lo que las familias pueden dejar se convierte rápidamente en una pérdida secundaria, una pérdida nula y sin importancia, una pérdida que nadie lamenta.

Mas aún, lejos de lamentarse lo que ellos pueden haber perdido del hecho de su escucha de emisiones, los miembros de familias prefieren hablar favorablemente de sus emisiones, o bien se regocijan de lo que ellos experimentaron durante su escucha. Y mas las familias hablan de esto se convencen, lejos de perder, ellas han ganado. Según una opinión fuertemente difundida, en las familias, en los lugares de trabajo y por todos lados, la escucha de la televisión constituye una inmensa ventaja al igual que un progreso muy importante. Mejor aún, cuando Robert Lafont dijo que la televisión constituye “la revolución la mas capital”, su lector sabe por el contexto que Robert Lafont ve en eso una revolución feliz, la que contribuye a la felicidad del pueblo.

Ahora bien, lo que importa aquí es remarcar bien que hay aquí lo que concierne de grandes multitudes o de masas humanas. Digámoslo nuevamente, los miembros de las familias se encuentran construyendo las grandes multitudes de auditores por su escucha de las emisiones.

Es evidente, que por estos locos, la escucha de la televisión representa una ganancia y reemplaza aventajadamente los encuentros, distracciones y todo lo que su escucha les hace dejar.

Luego estos locos son persuadidos de su ganancia también por diversos discensos de la gente de la televisión. Ellos saben dirigirse amablemente a sus auditores, y sus cumplidos quedan en sus oídos. Ellos saben hablar también favorablemente de sus auditores. Lo que los valoriza en lo que podemos decir.

Haciendo las publicidades o los elogios de sus programas, esta gente avivan las emociones de las emisiones pasadas a un mismo tiempo que hacen desear de escuchar las emisiones que vienen. Y todo esto refuerza en todos el sentimiento que todos ganan, y no pierden nada.

Así, todos los que forman los inmensos locos de los auditores afianzan su cohesión, o bien tienden a hacerse unánimes, por los deseos comunes que ellos comparten de mejor en mejor y en los que la gente de la televisión les hacen de las representaciones todavía más atrayentes

De hecho, todos pueden sentir como el fin de sus preocupaciones, de sus problemas, de sus obligaciones o mismo de su aislamiento. Todos experimentan primero una participación en una forma de unidad nueva, lo que les parece más simple, más directo que los acuerdos que ellos tejen o negocian, en las familias y en la sociedad.

En los locos auditores todos y cada uno pueden sentirse fusionados, sin esfuerzo ni dificultad.

Para cada uno de los auditores, los otros auditores son nulamente molestos. Luego todos pueden creer entenderse entre ellos como espontáneamente y alegremente y todos acepten fácilmente y con apresuramiento que la gente de la televisión se activa para facilitar su fusión, activándose magníficamente como animadores “abiertos” a los deseos como a los juegos de todo el mundo.

Así son los sentimientos de estos inmensos locos, sus convicciones comunes y sus deseos comunes, todos los que hacen que en la escucha de la “televisión” realicemos ganancias o adquiramos ventajas, dejando otras experiencias u otras actividades, las que podremos experimentar fuera de esta escucha.

Pero estos locos auditores llegan a esto sin darse cuenta como lo hacen. Todos se enganchan en relaciones propias de individuos en estos locos y dejan sus otras relaciones, pero sin ver que ellos lo hacen. Todos experimentan desinteresarse de su propia vida, pero todos creen encontrar “otra” vida, una “nueva vida”. Sucede que el progreso y las ventajas que ellos atribuyen a su escucha permanecen inexplicados a sus propios ojos, mientras que la gente de la televisión y su rol al lado de estos locos quedan desconocidos.

Por su desconocimiento, los auditores llegan en hecho a imaginar su escucha como si se tratara de una experiencia personal y se creen animados por sus propios deseos, pero en realidad ellos se encuentran arrastrados por los deseos de los grandes locos, este “vasto público”, al que la gente de la televisión invita.

De hecho, todos dejan sus propios deseos por los deseos “según los otros” sean los deseos de los individuos locos, pero todos lo hacen sin percibirlo.

Dicho de otra manera para las familias a la escucha de las emisiones, la sustitución de los deseos “según sea” por los deseos “según los otros”, se apela realmente y acarrea consecuencias reales, pero las familias no lo ven. Si este desconocimiento de la escucha de las familias dura mucho tiempo, ella esta en su apogeo cuando cierta gente quiere decir que la “televisión” es un miembro de la familia.

Es más, luego que esta sustitución se opera por los movimientos de los locos, comprendemos que ella puede intervenir en la escucha de todas las formas de emisión. Ella se hace en el tono serio de los programas de información así como que ella se acompaña de la ligereza de las emisiones que dice que son variadas.

Por otra parte refiriéndonos a los locos auditores, estas sustituciones de deseos se operan cualquiera sean los “contenidos” de los programas, las preguntas o los sujetos en los que los auditores captados por sus escuchas, o aún cualquiera que sean los sucesos en los que la gente de la televisión puede hacer sus representaciones.

Por otra parte estas sustituciones de deseos se operan poco a poco y en sucesión. En los auditores ellos se salen según los minutos, o las horas y lo que dura su escucha, y al grado de la atención de las tardes o noches. Mientras que en la gente de la televisión, este género de relajación nocturna no existe y la puesta en plaza de programas o de estrategias de difusión hacen ver un tratamiento metódico y sistemático de los deseos y de sus sustituciones. Los modelos de deseos no son dejados a la improvisación.

El tiempo de la escucha.

El tiempo resulta como un componente esencial de la escucha, pensar así a las sucesiones de deseos, y al carácter sistemático de las actividades de la gente de la televisión y teniendo en cuenta la duración, podemos ver que los locos auditores se encuentran esperando la conversión de pérdida en ganancia, sin ser bruscos y como con dulzura.

Los deseos de los locos se prolongan. Y como todo se dicen satisfechos, estos locos son contagiosos y ellos se propagan lo mismo.

Ahora bien, estos fenómenos son extraordinarios desde ciertos puntos de vista.

Su amplitud no puede estar subestimada, viendo que más de mil millones de familias se encuentran implicadas. No podemos exagerar su profundidad viendo que los cambios intervienen al nivel de los deseos, estos primeros dinamismos de las personas, de las familias, de las sociedades y de las culturas.

No podemos sorprendernos del hecho que las más extraordinarias capacidades sean ligadas a tales fenómenos. En adelante todos y cada uno pueden ver bien sea “la revolución la mas capital” sea “una bomba atómica” sin tener el aire de verterse en la desmesura. En realidad, la capacidad extraordinaria de crear un tiempo nuevo, la capacidad formidable de abolir el espacio, la fantástica capacidad de eliminar las diferencias entre las ciudades y el campo y tantas otras capacidades extraordinarias parecen convenir a los poderosos dinamismos de los inmensos locos que los auditores están próximos a formar

Un nuevo orden

Conviene poner una nueva atención al hecho que la escucha de la televisión continua de noche en noche, como de año en año. Por así decirlo hay aquí como un trazo duro sea una forma de constancia que los inmensos locos auditores ponen a cambio sus propios deseos por las representaciones de deseos que vienen de la televisión.

Tomando esta constancia de los auditores con el carácter sistemático de las actividades de la gente de la televisión, vemos instalarse un nuevo sistema de deseos y por consecuencia un nuevo orden social, cultural, económico y político. En lugar de decir: “la televisión es factor de desorden o de revolución”, no debemos mejor comenzar por decir, que en y por estos profundos y durables cambios de los inmensos locos, hay aquí un nuevo orden, en el seno del cual la gente de la televisión ocupa un rango elevado. De hecho, no podemos observar que en adelante los políticos, magistrados, universitarios y otras autoridades se adapten o se conformen a este nuevo orden?. Personas eminentes y grupos poderosos no se inclinen delante de la televisión o delante de sus canales de difusión. Es importante tener una nueva mirada de las empresas y los organismos de producción y de difusión de programas. Se trata de examinarlos en función de sus propios intereses, de manera de ver mejor los intereses de las familias y los de los ciudadanos. Luego, sus modelos de organización así como su institucionalización son para reexaminar como los fundamentos de los nuevos sistemas de deseos y como las bases de un nuevo orden. Un examen de recursos financieros de estos organismos pueden ayudar a sostenerlos en un nuevo orden. Notablemente hay que observar como estos organismos pueden determinar o no las orientaciones políticas de un Estado o mismo de un pueblo

El misterio de la televisión

Es interesante observar lo que ocurre por ser “el misterio” de la televisión: Así B.W. Powe utiliza la expresión “un vaso alquimista” para designar el vaso de la pantalla del televisor. Como si un misterio se pareciera a los misteriosos poderes de los alquimistas del pasado que pudiesen reencontrarse en los fenómenos de la televisión de nuestra época. Parecidamente está “la extrañeza” que cierta gente atribuye a la televisión. Así René Lévesque, animador de televisión y hombre político dijo que la televisión es un “extraño tragaluz”. Luego acordarse de todas esas capacidades extraordinarias atribuidas a “la televisión” añade ahora este “misterio”. Es para notar también, por ejemplo, que decir de alguien que es de la “televisión” es suficiente para darle una especie de aura. Es necesario remarcar la facilidad con la cual todo el mundo, comprendiendo también a los investigadores, utilizan la expresión “la televisión” sin sentir le necesidad de definirla.

Así nos acercamos más a dicho misterio. Percibimos la polivalencia de la expresión “la televisión”, adivinamos también que esta expresión tiende a designar fenómenos de características suprahumanas. Entendemos que aquel que utiliza la expresión “la televisión” es como el que puede evocar un mundo “superior”. Lo que nos hace decir que “la televisión” es una expresión mítica.

Pero el secreto de nuestro misterio queda aún escondido. Lo que puede recubrir esta expresión mítica parece ahora escapársenos.

Pensando en nuestros locos auditores, queremos imaginar que otros locos pueden hacer de parecido

Los amateurs de carreras de Fórmula 1 vienen al espíritu. Los inmensos locos aclaman un piloto de un auto. Todos son unánimes para reconocerle las capacidades extraordinarias. Por lo tanto, hay también lo que todo el mundo sabe pero nadie dice: ese piloto puede perder la vida. Pero el entusiasmo de todos hace olvidar o subestimar que él corre riesgo de muerte. Nadie piensa más en eso. Si sale bien, los elogios de todos le valen la celeridad y la riqueza. Si él pierde la vida, los locos tienden a olvidar su pérdida y a convertirla en una ganancia incomparable, entonces los elogios de todos cantan su gloria y todos le atribuyen calidades ahora más extraordinarias, como las de un ídolo o un Dios.

René Girard es un autor que nos enseña a ver como los locos pueden transformar así la muerte de un individuo haciéndolo en Dios. El presente, así, es una “Hipótesis” que concierne el origen de lo “Sagrado” o de los “Mitos”.

Digamos de entrada que los trabajos de René Girard no tratan la escucha de la televisión y ciertas partes de sus obras no pueden ser utilizadas aquí. Esto dice inspirarse de ciertos elementos proporcionados por René Girad que conciernen a los mecanismos de los deseos, podemos tentarnos de seguir ciertos pasos dejados por nuestros locos auditores. Lo hemos dicho ya, sucede que nuestros locos se forman por los deseos comunes a todos los auditores y por esto ellos tienden a la unanimidad. Elevados estos deseos comunes, ellos hacen a un lado otros deseos con relación a sus familias o sus deseos con relación a sus comunidades. Luego por estos mismos deseos, es lo que nuestros locos dejan así, ellos olvidan o lo subestiman luego y de la misma manera, por la fuerza de esos mismos deseos comunes que los caracterizan como locos, ellos hablan con fervor de sus nuevos progresos, o bien de una nueva vida, o de una nueva época.

Nos parece que podemos ver en esto el aliciente o bien los rastros de ciertos fenómenos, los que parecen no sólo extraordinario sino “divino” o fenómenos que intervienen en la formación de lo que es “sagrado”.

Esto dice atenerse nada mas que a este aliciente o este trazo sagrado, si nos atenemos a esto podemos progresar. Podemos percibir que la expresión “la televisión” tiene por función decir lo que conforma a los poderosos deseos de nuestros locos. Esto vale también para otras expresiones parecidas, como también para los discursos sobre el rol absolutamente extraordinario de “la televisión” para la cultura

Luego solamente con los simples trazos “Sagrados” mismo huidizos, podemos concebir mejor que la constancia de los deseos de los locos supone y llama a los esfuerzos de organización para instalarse aquí abajo o elevarse en un mundo “superior”. Se levantan así los organismos, las empresas y las instituciones que se constituyen en función de “la televisión”. Las torres y otros edificios que ellos erigen impresionan a los pueblos de todo el mundo. Sus recursos son naturalmente a la altura de los niveles que ellos alcanzan así y su seguridad con relación a sus otros organismos corre por cuenta de ellos.

En apariencias, la escucha de la televisión puede parecer para todos una apertura a todas las preguntas y a todos los puntos de vista.

Lo imprevisible, el juego o mismo el capricho parece una postura. Y esto vale cuando nos situamos delante de la pantalla de un televisor y que adoptamos el punto de vista de un auditor ya por mirar una emisión.

Pero la realidad que este auditor no ve es diferente.

Este auditor se encuentra como uno de tantos individuos que se encuentran dentro del grupo de los inmensos locos. Él experimenta relaciones tales que ellas que podemos tener dentro de los locos. Por los deseos comunes poderosos a todos, estos locos tienden hacia eso que es “otro” que ellos mismos y así ellos aspiran a un dominio que los adelante, como un dominio superior o “sagrado”. Es necesario que esto se diga bien y por consecuencia todos hablan de “la televisión”, como hacemos para hablar de una manera que puede convenir a todo el mundo. Luego es necesario también pasar a la acción. Y como estos locos auditores restan dispersos, los organismos dichos de “la televisión” aseguran la organización necesaria para una acción hecha en función de los deseos de estos locos.

Las familias y los ciudadanos pueden satisfacerse del punto de vista de un auditor delante de su pantalla?. Muchos pueden sin duda satisfacerse en razón de sus aptitudes de escuchar.

Otras familias y otros ciudadanos pueden investigar otro punto de vista. Unos y otros no se limitan más a las imágenes del televisor. Ellos investigan una visión más amplia de las que les llega. El tiempo de darse otro punto de vista arriba a creer en el historiador de la televisión Anthony Smith de la Universidad de Oxford. Según Anthony Smith:

“Los profesionales de la televisión se convirtieron en una nueva especie de sacerdotes, que actúan como intermediarios entre sus auditores y los acontecimientos que toman muchas decisiones mayores concernientes a la cultura. Su poder puede ser exagerado, y pueden ser o tener ellos mismos hechos de manera de exagerarlos, como esto llega también a otros cleros.

Pero como el medio de la televisión prolifera se convierte en un mercado mejor se desarregla y multiplica el nombre de lo que controla los mensajes, un gran cargamento puede sobrevenir en la próxima década.

Un punto que haga girar las cosas puede llegar, así como una evaluación global conduce a una nueva manera de reaccionar ante la omnipotencia como ante la ambición sin límites del poder de la televisión. Esto será ciertamente un momento a anticipar”.

Tanto como decir que una cierta esperanza se ofrece a las familias y a los ciudadanos.

La esperanza de las familias y los ciudadanos

En muchos países, grupos de padres plantean ya preguntas importantes concernientes a los modelos que los niños pueden imitar por la escucha de la televisión.

Ahora las familias así como los ciudadanos se interrogan a propósito de los modelos en los cuales el poder de atracción se ejerce a la escala del mundo a través de estos fenómenos que llamamos “mundialización”. Las familias pueden tener esperanza de hacer progresar en razón de los siguientes puntos:

Las familias pueden conocer mejor y apropiarse de la escucha de la televisión, se reagrupan ellos mismos y se asocian a los ciudadanos para abrir un nuevo diálogo con la gente de la televisión.

Luego el progreso de la “mundialización” y de la informática así como de otros desarrollos tecnológicos quieren ofrecer a las familias del mundo nuevas posibilidades y sobre todo nuevas elecciones y nuevos modelos.

Seguido de esto, las familias pueden querer portar una atención más grande a los deseos y a los sueños que intervienen en su escucha de emisiones, por que las soluciones de ciertos problemas sociales grandes pueden depender de esto.

Luego las familias tienen interés en mirar desde más cerca como los deseos y los sueños, pueden intervenir o no en nuevos fenómenos de mundialización.

Notablemente las familias pueden querer comprender mejor los modelos dominantes sobre el mundo, observar los modelos de deseos y preguntarse que grupos, que empresas o que Estado, sugiere la imitación o hace la promoción.

Y sobre todo tener mas en cuenta sus sueños, las familias del mundo pueden asociarse mejor, educarse ellas mismas y apropiarse de su lugar y su libertad.

Gastón Gauthier

Traducción al Español (sin corregir)

BARBARA REGAZZONI

(Alliance Francaise)

Traducción realizada para la “Comisión Familias y Medios”

(FAMILIS OMF / WOF) Montreal (Québec) – Buenos Aires Argentina

Co – Presidents Gastón Gauthier / Juan Ciliento

Conferencia


Bibliographie

1 Laffont Robert (1996), Un léger étonnement avant le saut, Éd. Laffont, Paris, p. 132.

2 Znaimer Moses (1995),Watching TV, Royal Ontario Museum/MZTV, p. 9

3 Spicer Keith, Rapport annuel 1989-90, Mot du président du CRTC.

4 Pinganaud Claude (1992) Montaigne Essais, Éd. Arlea p. 9, traduction libre.

5 Girard René (1961) Mensonge romantique et vérité romanesque, Éd. Bernard Grasset, p. 15-69.

6 Elkin, Document polygraphié, Toronto, citation de mémoire.

7 Quino (1984), Provision d'humeur, Éd. Glénat, p. 24.

8 Desaulniers Jean-Pierre(1996), De la famille Plouffe à La petite vie, les Québécois et leurs téléromans, Éd. Musée de la civilisation, p. 66

9 Williams Tannis Macbeth (1986) The Impact Of Television, A Natural Experiment In Three Communities,
Academic Press.

10 Juneau Pierre (1996) Faire entendre nos voix, Le cinéma et la télévision du Canada au 21e siècle, Ottawa, p. 40.

11 Jeffrey Liss(1995),Watching TV, Royal Ontario Museum/MZTV, p.11.

12 Bouchard Camille et alii (1995), Le Québec fou de ses enfants, cf. Une note de M. Brofenbauher.

13 Powe B. W. (1995),Watching TV, Royal Ontario Museum/MZTV, p. 28.

14 Lévesque René, Attendez que je me souvienne, citation de mémoire.

15 Smith Anthony (1995), Television An International History, Oxford Univerxity Press, p.9.

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© Quino/Quipos; de Provision humeur, Éd. Glénat 1984

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