| F A M I L I S |
Dra. Patricia Arés Muzio
Facultad de Psicología
Universidad de La Habana
La Globalización: su impacto en la relación familia-trabajo
El término globalización ha sido manejado de
manera ambigua. Constituye un concepto complejo y conflictivo.
Podríamos decir que encierra en sí binomios tales como: PROCESO
y PROYECTO; MEDIO y FIN; REALIDAD y PROMESA.
Con el objetivo de esclarecer la tensión dialéctica entre estos
polos, algunos autores (Carranza,J.; 1998; García, J., 1997)
prefieren hacer una distinción entre el término GLOBALIZACIÓN
y MUNDIALIZACIÓN, que a nuestro modo de ver nos parece oportuna
para entender sus particularidades y diversos tipos de impactos
en los microgrupos sociales, y específicamente en la familia.
También puede hacerse la distinción entre globalización y
globalización capitalista o neoliberal.
La globalización en tanto creación de un espacio económico
común es una idea seductora, aunque de difícil instrumentación
y mucho más en países como latinoamérica, con economías tan
dispares. Su forma de aplicación a través del ajuste neoliberal
constituye el medio y no el fin, el proceso, pero no el proyecto
definitivo, la realidad actual, pero no la promesa.
Mientras la mundialización es una nueva forma de comprender el
espacio que se amplía y el tiempo que se acelera, la
globalización económica es simplemente, la última fase del
capital; mientras la mundialización significa la pertenencia de
un mundo único, mas humano y habitable, la globalización es el
itinerario por el cual no solo nace único, sino también
desigual y antagónico; mientras la mundialización se orienta a
la creación de un territorio que por fin llega a ser el lugar
del ser humano a través de contactos sociales y mestizaje
cultural, del progreso de las comunicaciones y de la integración
intercultural, la globalización neoliberal se orienta a la
expansión del capital, a la exclusión de las grandes mayorías.
Es por ello que el término mundialización está más
relacionado con los conceptos de proyecto, fin último y promesa.
El encubrimiento de la globalización que falsea su alcance y
significado, consiste en presentar como fin lo que es un simple
medio; y al confundirse con la mundialización se hace pasar como
la figura de un mundo más humano, ocultando lo que tiene de
desigual y antagónico.
La globalización no tiene su origen ni su razón de ser en la
tecnología, sino en las relaciones de producción en que se dan
estas relaciones tecnológicas.
El discurso de la globalización anuncia y convoca a la
unificación de los pueblos, pero frente a estas propuestas
universalistas se suelen olvidar las necesidades regionales y
sectoriales al tiempo que se escamotean las desgarrantes
desigualdades.
Apelando a la metáfora de la «aldea global» si presenta la
nueva concentración de riqueza y poder como irreversible
corolario histórico emergente, tanto del desarrollo tecnológico
como de la culminación en la evolución ideológica del hombre.
El hecho histórico adquiere así carácter de fenómeno natural
(Quiroga, A.;1995).
La presente ponencia centra sus reflexiones en torno a los
efectos que sobre la relación familia-trabajo produce el modelo
de desarrollo neoliberal. No vamos a hacer énfasis en los
impactos de las nuevas técnologías en los procesos de la vida
familiar en tanto que es temática de otra sesión del presente
evento.
A su vez, pretendemos proponer como paradigma para el desarrollo
de la mundialización el modelo de relación que aporta la
familia humana y de ahí enfatizar la importancia de fortalecerla
como unidad básica social. (desde las políticas sociales como
vehículo para la globalización de la solidaridad)
La familia es una categoría histórica, su estructura y
funcionamiento están determinadas por los modos de producción y
las relaciones sociales de producción en un contexto histórico
determinado.
La relación estado-sociedad-familia a la luz de las profundas
transformaciones ocurridas por el nuevo orden económico mundial,
adquiere nuevas articulaciones, las cuáles han ido en detrimento
de la protección a la familia y han deteriorado sustancialmente
su calidad de vida.
La actual coyuntura económica ha traído como consecuencia una
creciente fragmentación y heterogeneidad del tercer mundo y el
incremento hasta límites difícilmente soportables de la
desigualdad en el planeta. Se plantea que el 80% de la humanidad
está sobreviviendo. ( Carranza. J ,1998 )
El modelo de globalización capitalista se articula en torno a
los siguientes principios:
Liberalización del comercio y de los mercados financieros.
Desregulación de las relaciones trabajador - empleador.
Privatización de las empresas públicas.
Estos principios traen como consecuencia un fortalecimiento de
una economía de mercado, una transformación del rol del Estado
y una restricción del gasto público en materia social
(debilitamiento de las políticas de salud, educación y
seguridad social) a lo que se suman dramáticos costos sociales,
familiares y personales.
Hoy el sistema económico de la globalización asume como
estructural (inherente a su esencia) una desocupación que
involucra al 30% de la fuerza laboral en el mundo, entre países
centrales y periféricos (Quiroga, A.; 1995).
Estos contingentes de desocupados ven empeoradas sus condiciones
generales de vida, propiciándose así una mayor prevalencia de
enfermedades carenciales e infecciosas que deteriora la
situación general de salud.
La Organización Mundial para la Salud define los efectos de este
modelo como catástrofe epidemiológica. (Tomado de Acevedo. D
,1997 )
Se incrementa una masa de desocupados NETOS, amenazados de
cronicidad en su exclusión de la producción.
Una minoría de trabajadores altamente calificados tendrán
opción, pero «no garantía» de ingresar en el proceso
productivo y se multiplica una inmensa mayoría no calificada,
cuya inserción es inestable y precaria.
Las altas tasas de desempleo han afectado al Sector Público,
laboralmente feminizado, contribuyendo a aumentar el desempleo
femenino que deriva hacia el sector informal o al trabajo
precario.
Esta situación estructural de desempleo ha traído como
consecuencia un ritmo acelerado de marginalidad y pobreza, así
como un corrimiento social hacia los extremos (caída de los
sectores medios hacia la pobreza).
Para entender el impacto de estos procesos en la relación
familia - trabajo, se hace necesario partir de los siguientes
presupuestos.
La hipótesis general en que se sustenta, esta relación es que
existe una estrecha interrelación entre condiciones
socioeconómicas y vida familiar que se expresa, en que las
familias con condiciones socio-económicas desfavorables
presentan una estructura y funcionamiento característico y
desarrollan un conjunto de estrategias de vida para enfrentar su
situación.
La familia y el trabajo son dos categorías de la existencia
humana muy ligadas entre sí. El trabajo históricamente como
valor, ha sido concebido como el medio fundamental de producción
de bienes materiales y espirituales y constituye la vía de
sostén fundamental de la familia. No sólo el trabajo contribuye
a la satisfacción de necesidades básicas, sino que dignifica al
hombre, eleva la autoestima y lo provee de un sentimiento de
seguridad, identidad y pertenencia. Por otra parte, facilita las
oportunidades para el esparcimiento y los vínculos sociales y
crea valores culturales y espirituales.
Las formas de organización del trabajo han constituido a lo
largo del desarrollo de la humanidad elementos configurantes de
la estructura y el funcionamiento familiar, así como de su
identidad cultural.
El trabajo atraviesa transversalmente todos los aspectos de la
familia, el demográfico, el económico, el educacional, la
salud.
Se hace necesario entender las intrincadas relaciones que se
tejen entre las condiciones de vida y las formas de organización
doméstica y familiar, ya que ello adquiere particular
relevancia, dada la coyuntura económica por la que atraviesa la
mayoría de los países de la región.
La adopción de medidas de ajuste estructural, el fortalecimiento
de una economía de mercado y la transformación del rol del
Estado, tienen efectos importantes en el mercado de trabajo al
tiempo que los salarios se reducen.
La pregunta que centra nuestra atención aquí es de qué manera
las condiciones de vida y trabajo están generando cambios
importantes en la estructura y funcionamiento familiar y de qué
manera las familias responden a las presiones que resultan de
estos procesos.
Diversos estudiosos han identificado estrategias familiares de
enfrentamiento a la crisis provocada por los procesos de
globalización neoliberal, con vistas a atenuar los efectos de
estos impactos y disminuir sus costos.
Algunas de ellas encaminados a la sobrevivencia, otras al
mejoramiento de la calidad de vida.
Existe en la región un patrón más o menos común, de respuesta
a la coyuntura, pero es posible también identificar formas muy
particulares dependiendo de la especificidad socio-cultural de
cada país. Esta especificidad no es posible abordarla en el
breve espacio de tiempo que disponemos.
En sentido general, podemos mencionar cuatro grandes grupos de
estrategias:
ESTRATEGIAS LABORALES y de generación de ingreso.
ESTRATEGIAS DE CONSUMO: encaminadas al aumento de la eficacia de
los ingresos.
ESTRATEGIAS DE CONVIVENCIA: se refiere a nuevas formas de
organización familiar como parte del enfrentamiento a la crisis.
ESTRATEGIAS DE AFRONTAMIENTO PSICOLÓGICO: formas de respuesta
emocional.
Pasaremos a explicar cada una de ellas:
LAS ESTRATEGIAS LABORALES y de generación de ingreso están
relacionadas con la utilización intensiva de la mano de obra
laboral dentro de la familia.
Dentro de estas estrategias se identifican en primer lugar la
DIVERSIFICACIÓN (vinculando a mujeres, menores; combinando
proveedores de tiempo fijo y tiempo parcial) y en segundo lugar
la INTENSIFICACIÓN (prolongación de la jornada laboral
combinando trabajo formal con informal).
Las formas de diversificación están en dependencia del ciclo
vital en que se encuentre la familia y de la composición
familiar lo cual permite determinar de manera significativa
diferentes niveles de incorporación familiar al mercado del
trabajo (García, B. Y Pacheco, E., 1997).
Con relación a la INTENSIFICACIÓN, podemos plantear que existen
cuatro modalidades:
De extensión de la jornada de trabajo:
Prolongando la jornada diaria.
Laborando los días feriados y fines de semana.
Realizando otro trabajo productivo para aumentar los ingresos.
Al mismo tiempo, el género marca un posicionamiento diferencial
en el mercado de trabajo. Ello se fundamenta, por un lado, en la
reproducción social de las relaciones de género definidos por
la subordinación y la discriminación en el medio de trabajo, y
por el otro en las condiciones particulares de vida de las
mujeres que asumen gran parte de las tareas domésticas.
Las estrategias laborales mayormente desarrolladas por las
mujeres son:
TRABAJO A DOMICILIO: Modalidad empleada por mujeres para aumentar
el ingreso familiar que le permite a la par de realizar una tarea
productiva en la preparación y comercialización de alimentos,
en la confección y otras áreas afines, atender simultáneamente
a las tareas domésticas.
El trabajo a domicilio es un trabajo sin horario, sin control de
riesgos y sin amparo de la seguridad social, subregistrado en las
estadísticas oficiales. Lo realizan en jornadas de 12 a 16 horas
en una continuidad laboral de espacio y tiempo que mezcla las
labores productivas con las reproductivas.
LA CONTRATACIÓN EVENTUAL: utilizada cada vez con más
frecuencia, flexibilizando la inserción laboral a las
fluctuaciones del mercado y a las demandas de producción. La
misma introduce una gran movilidad laboral y rotación de empleos
con exposición de riesgos marcados.
Igualmente podemos mencionar el EMPLEO A TIEMPO PARCIAL preferido
por las mujeres como una manera de conciliar responsabilidades
familiares con demandas laborales productivas.
La flexibilización laboral definida como «modernización» y
supuesta alternativa al desempleo implica múltiples aspectos de
alienación y fragmentación.
Estos se sustentan en las exigencias planteadas para la
inclusión en el proceso productivo: un involucramiento mental y
físico que requiere una disponibilidad sin límites (24 horas al
día), 7 días a la semana, rotatividad arbitraria.
La flexibilización de los horarios de trabajo desorganiza la
vida familiar del trabajador, particularmente de las mujeres
trabajadoras, quienes tienen mas dificultad para conciliar el
trabajo con las exigencias del hogar. No tener horarios definidos
introduce elementos de tensión adicionales.
La emigración de los hombres adultos, especialmente de los jefes
de hogares, a las grandes ciudades en busca de un empleo
asalariado, es la estrategia privilegiada para equilibrar el
presupuesto familiar entre los sectores rurales y otros
fuertemente golpeados por la actual coyuntura económica.
Podemos mencionar también dentro de las estrategias de
generación de ingresos, el alquiler de parte de la vivienda,
así como la búsqueda de beneficios de las organizaciones
estatales y comunitarias.
ESTRATEGIAS DE CONSUMO: encaminadas al aumento de la eficacia de
los ingresos dentro de los que podemos mencionar la reducción
del gasto a lo estrictamente indispensable, reducción del
consumo en la recreación y participación social, lo cual
produce un repliegue de la familia al ámbito doméstico y una
postergación de proyectos y necesidades espirituales.
ESTRATEGIAS DE CONVIVENCIA: se refiere a nuevas formas de
organización familiar como parte del enfrentamiento a la crisis
que definen cambios en la composición, estructura y dinámica de
la familia.
Las nuevas formas de relación familia - trabajo, generan
arreglos familiares que están relacionados con estos procesos de
cambio.
Ello exige en muchos casos una mayor permanencia en el hogar,
conjugándose las tareas productivas con las reproductivas;
acuerdos de convivencia con otros familiares o no familiares,
incremento de las redes de apoyo familiar y/o comunitaria.
La familia, en algunos casos se convierte en una pequeña
microempresa que articula a los miembros, combinando trabajo
formal con informal y transformando el espacio doméstico en
espacio de trabajo.
ESTRATEGIAS DE AFRONTAMIENTO PSICOLOGICO:
Frente a las contradicciones entre las presiones
desestructurantes del medio externo y las necesidades e intereses
de sus miembros, aparecen dos mecanismos de respuesta altamente
riesgosos:
Uno AUTOPUNITIVO: aflorando sentimientos de culpa, pérdida de la
autestima somatización.
Uno EXTRAPUNITIVO: incremento de la violencia doméstica y
social.
Ambas respuestas comprometen seriamente la integración personal
- familiar - social.
A su vez, dentro de las estrategias psicológicas, algunos
sociólogos plantean que en situaciones de crisis sociales y
económicas, se produce un incremento de la mística, de la
religiosidad, a la vez que surgen nuevas formas de
asociacionismo.
Todo ello está relacionado a lo que se denomina crisis de
paradigmas sociales.
Las crisis sociales y las transformaciones del poder con su
impacto en los ideales colectivos y subjetivos, nos llevan hoy a
un agudo conflicto entre proyectos de cambio y escepticismo, más
aun, cuando en el ideal de un protagonismo popular de
participación queda relegado desde el discurso hegemónico a la
condición desdeñable de utopía.
Ante estos hechos desplegados en el avance de la década del 90,
se desmorona la ilusión que tuvo como portavoz a Fukujama
(Fukujama, F., 1991) aquello del paraíso capitalista.
Queda ya al desnudo no sólo en los hechos, sino también en el
discurso, la intención de que éste sea el único mundo posible
y como tal se asuma.
La fragmentación, el escepticismo y la resignación de la
post-modernidad son la apoyatura ideológica de este nuevo orden
mundial y como tal, muchas veces internalizado, asumido como
propio, como conducta espontánea. De ahí la necesidad de
búsqueda de alternativas de afrontamiento psicológico del
individuo y de la familia que garantice el desarrollo de una
conciencia crítica y no acrítica de la realidad, de una
adaptación activa y no pasiva, de programar y planificar la
esperanza, concebida ésta, no como simple espera, ni esperanza
vana, sino como esperanza activa.
«Estamos en plena crisis de la racionalidad moderna. Las
utopías se volatilizan, los paradigmas se desolaron y la
esperanza exige hoy la linterna de Diógenes». (Betto, F.,
1996).
Diversas investigaciones realizadas en países latinoamericanos y
del caribe coinciden en plantear impactos específicos en la
composición, estructura y dinámica de la familia a partir de
las nuevas coyunturas históricas de globalización neoliberal.
A continuación enumeramos los efectos que el desempleo, el
subempleo y las diversas formas de inserción laboral han
provocado en las familias, más específicamente en los países
desfavorecidos con economías dependientes.
Tal y como se plantea en la presentación de la propuesta de este
evento, las familias están sometidas a dos fuerzas: por un lado
los desgarramientos y las alienaciones, pero por el otro,
también la solidaridad.
La actual coyuntura económica ha generado una disminución de la
calidad y condiciones de vida de amplios sectores.
La masa de desocupación crece a un ritmo anual de 38 millones de
personas y el trabajo informal precario se extiende
constantemente. Surgen entonces minorías selectas, requeridas de
alta capacitación, que tienen opción, pero no garantías de
entrar en el proceso productivo y se multiplica una inmensa
mayoría no calificada, cuya inserción laboral es inestable y
precaria (Tomado de Revista Temas de Psicología Social.
«Algunas características de la situación actual»).
Esta disminución en las condiciones y calidad de vida, es debida
básicamente a dos componentes:
Un componente OBJETIVO relacionado con la reducción o
disminución de los subsidios a ciertos bienes y servicios
tradicionalmente asumidos por el Estado.
Un componente subjetivo: relacionado con el incremento del
malestar psicológico, disminución del tiempo para el
esparcimiento, la comunicación.
Crece el sentimiento de incertidumbre e inseguridad que aumentan
las tensiones y propician el conflicto.
Otro de los impactos en la familia están determinados por los
cambios en su COMPOSICIÓN y ESTRUCTURA.
En relación a la composición:
Las nuevas exigencias laborales producen transformaciones en el
tamaño y la composición a la familia.
En parte, ello ha estado relacionado con las fuertes caídas de
las tasas de fecundidad, disminuyéndose así el número promedio
de hijos.
Desde el punto de vista estructural, las nuevas exigencias
producen una ruptura del modelo de familia nuclear, biparental
dando paso a una gran diversidad de arreglos familiares (hogares
unipersonales, monoparentales, de convivencia múltiple, familias
extensas, reensambladas).
A su vez, las presiones económicas exigen nueva distribución de
roles entre los
miembros del hogar.
Ello está dado por el incremento creciente de la participación
de la mujer como vía de generación y aporte a los ingresos
familiares .
No obstante, persisten desequilibrios importantes en el rol
doméstico generándose patrones de doble jornada y sobrecarga
para la mayoría de las mujeres.
Las mujeres jefas exclusivas del hogar (fenómeno de creciente
incidencia) constituyen un grupo poblacional particularmente
vulnerable a las situaciones de pobreza. En ausencia del cónyuge
(por abandono, separación, divorcio o viudez o migración)
tienen que responder por los hijos y sin tener, en la mayoría de
los casos, las destrezas necesarias, acceden al mercado del
trabajo en condiciones desventajosas.
Un estudio publicado por la UNICEF plantea que la mitad de las
familias de madres solas de Australia, Canadá y EE.UU. son
pobres ( UNICEF; EL progreso de las naciones 1996 ).
Los hombres, al perder su capacidad de proveedores económicos
exclusivos del hogar, ven vulnerada su estructura de poder que
hasta ahora se centraba en el rol económico.
En resumen, podemos decir que en cuanto a la estructura familiar
las presiones económicas influyen decisivamente en la
redistribución de papeles y funciones, así como en la
jerarquía familiar (jefatura compartida o incremento de jefatura
femenina).
Se sostiene, no obstante, los desequilibrios en las cargas
domésticas, mayormente asumidas por mujeres.
Cambios en la DINAMICA (elementos más vinculados a clima
emocional de la familia, comunicación, elementos de cohesión y
adaptabilidad).
Las transformaciones de la estructura de la familia, así como la
adopción de estrategias no se dan sin costo, ni conflicto.
La nueva agenda laboral y familiar que reduce las posibilidades
de encuentro aumenta el stress y las oportunidades para el
incremento de las tensiones familiares.
Algunas investigaciones proponen la hipótesis de que en las
unidades domésticas, donde tienen lugar transformaciones
importantes en los roles económicos (por ejemplo, mujeres que se
encargan totalmente de la manutención, estando el marido
presente) es donde se registra un mayor grado de violencia
doméstica (García, B.; Pacheco, E.: 1997).
A su vez, se considera que el abandono de los hogares y la
irresponsabilidad familiar en el caso de algunos hombres, se deba
a la situación de escasez de alternativas que enfrentan para
desempeñar el rol de proveedores para el que fueron socializados
(García, B. Y Pacheco, E.; 1997).
La situación coyuntural produce una presión constante a los
procesos de adaptabilidad y cambio de la familia, lo cual produce
aceleración, desarticulaciones y rupturas del ciclo vital de la
familia.
Uno de los miembros mas afectados por los nuevos arreglos
familiares son los ancianos que se ven desprotegidos en su
manutención y cuidado.
No obstante, toda situación de cambio deja elementos de
fortaleza para la familia. En muchos países la familia, como
grupo humano, ha incrementado como alternativa, la solidaridad,
ampliando las redes de apoyo, creando grupos de auto ayuda,
acorde a intereses regionales y comunitarios.
Se podría suponer que a partir de estos impactos emocionales,
estructurales y relacionales se está constituyendo un circuito
dialéctico entre necesidades - ingresos, soledad, frustración,
incertidumbre, tensiones y conflictos que conducen
inevitablemente a la producción de desestructuraciones, pero
también, reestructuraciones de las formas de organización
social (dentro de ellas la familia).
La situación actual potencia el papel de la comunidad y la
familia como agentes socializadores de gran energía para la
solución de sus propios problemas.
Algunas reflexiones sobre el caso Cuba:
En Cuba, los cambios que se produjeron en el mundo a finales de
los años 80, determinaron la necesidad de un ajuste estructural,
cuyo contenido, comúnmente se identifica con el proceso de
reformas de la economía, aunque este es un proceso que por su
significación traspasa las fronteras de la economía.
El proceso que vive Cuba puede ser calificado como AJUSTE, pues
implica adecuar el funcionamiento de la economía a las nuevas
condiciones caracterizadas por la drástica reducción de los
recursos disponibles, así también como proceso ESTRUCTURAL por
cuanto, ha implicado una reestructuración de la estructura
productiva y una recomposición de la estructura social.
Sin embargo, el ajuste no puede ser identificado como neoliberal,
a pesar del uso de determinados instrumentos comunes de política
económica.
Dos elementos podrían señalarse como los más significativos en
el proceso inicial de ajuste: ajuste sin inflación y ajuste no
generador de desempleo.
A pesar de la virtual paralización económica del país, no se
produjo un proceso de desempleo masivo.
Para 1989 el sector estatal generaba el 95% del empleo, mientras
el no estatal sólo cubría el 5%. (A:R:A:, 1996)
En Cuba, pese a las dificultades económicas, se han mantenido
principios justos de distribución, se mantiene el control del
Estado sobre los medios de producción y los resortes
presupuestarios no han afectado las inversiones en materia de
salud, educación y seguridad social.
Estos principios básicos del proyecto marcan una sustancial
diferencia con los países latinoamericanos y del Caribe, en
tanto que la crisis económica ha conducido a una situación de
carencia (de alimentos, medicamentos, combustible, útiles del
hogar ) pero no de pobreza extrema, ni procesos de marginalidad
social, de exclusión, de diserción escolar, trabajo infantil,
desigualdad social entre los géneros, ni polarización social).
No obstante, algunas de las medidas instrumentadas durante el
actual proceso de reajuste (despenalización de la tenencia de
divisas, autorización del trabajo por cuenta propia, apertura de
los mercados agropecuarios, estimulación en moneda libremente
convertible en algunos sectores de la economía, etc.) han dado
lugar a cierta diferenciación social evidente en las
posibilidades de acceso a determinados bienes y servicios.
Cuba, como país, no ha estado ajena a vivir algunas de las
transformaciones esenciales en la relación familia y trabajo.
Igualmente que en otros países de la región, las familias han
desarrollado estrategias de vida para atenuar los costos de la
crisis entre las que se distinguen la de diversificación
(combinación en la familia de trabajo estatal y por cuenta
propia) e intensificación de la jornada.
Fluctuación de la fuerza de trabajo especializada hacia sectores
vinculados a la economía mixta (turismo, empresas mixtas) con
mejor remuneración también aparecen dentro de las estrategias
registradas.
La migración como estrategia privilegiada del hombre adulto,
jefe de familia, y el estrechamiento con las redes de parentesco
de la familia emigrada a los EE.UU aparece como alternativa de
salida a la difícil situación económica para muchos hogares.
Dado que Cuba tiene una infraestructura social comunitaria, se
observa un incremento de las redes informales de apoyo
(familiares, vecinos, comunidades) sustentandose este hecho en el
valor de la solidaridad y la cooperación que el proceso
revolucionario gestó en los cubanos.
Formas ilícitas de obtención de recurso y generación de
ingresos también han proliferado, detectándose un incremento de
conductas delictivas (desviación de recursos, hurto, robo) y
amorales, como la prostitución.
Algunas familias desarrollan estas estrategias como medio de
sobrevivencia, otras como vía de acumulación de bienes, lo cual
para estos grupos constituye un proceso de cambios en las
orientaciones de valor.
Por su parte, la familia como grupo humano en Cuba, está
haciendo grandes aportes sociales.
Es el grupo que sostiene la reproducción de las fuerzas
productivas.
Las redes informales de apoyo sustituyen gran parte de las
carencias materiales a través de la cooperación inter -
familias, vecinal y comunitaria.
Sostiene su carácter de valor refugio al aumentar el tiempo de
permanencia en el hogar y convertirse en la única vía para la
satisfacción de algunas necesidades elementales.
La crisis económica, al debilitar el papel del estado, fortalece
procesos de autogestión familiar.
¿Qué puede aportar la familia como
grupo humano al modelo de la globalizacion?
La familia, o mejor diríamos, las familias actuales, pueden
aportar su modelo de existencia humana a los procesos de
mundialización como hecho y proyecto de integración planetaria.
Este modelo familiar constituye un desafío para los científicos
sociales. Tiene valor de paradigma para enfrentar a la cultura
empresarial y del mercado, para retar los procesos de
industrialización de la cultura y la estandarización cultural
que propone la globalización capitalista.
La cultura familiar parte de los siguientes presupuestos:
En la familia cada cual tiene su libertad, autonomía e
independencia, pero nadie hace abuso de la misma.
Hay sentido del LIMITE, de la TOLERANCIA, del RESPETO.
La familia es un grupo de desiguales en el género, en la edad,
en los intereses, sin embargo, su verdadera identidad no se basa
en la igualdad, sino en el reconocimiento de las diferencias y la
diversidad. Sólo asegura su existencia como familia si en su
interior circulan los dones entre viejos y jóvenes, débiles y
fuertes, sanos y enfermos, hombres y mujeres, y no solo los
CONTRATOS. Los DONES y el afecto dan a cada cual según su
necesidad, los CONTRATOS reconocen a cada cual según lo suyo.
Ello hace que las relaciones se establezcan en base a la
reciprocidad, colaboración, cooperación, solidaridad, que
convierte a sus miembros en ALIADOS.
Tomando en consideración estos principios, la familia responde
como grupo a los intereses en determinado momento al que está
peor situado, e incorpora una cualidad ASIMETRICA. En momentos de
crisis se unen para dar apoyo, ayuda y afecto a quienes así lo
requieran. Es así que expande su conciencia de interdependencia.
De ahí la gran capacidad de la familia para enfrentar procesos
de cambio nuevas adaptaciones y situaciones difíciles sin
descuidar a ninguno de sus miembros.
La familia, a través del proceso de individuación - conexa
respeta los procesos de identidad individual y pertenencia. La
pertenencia o fusión no anula la identidad, al mismo tiempo la
identidad individual no se vuelve individualismo, sino incluye y
respeta al otro, pero su libertad se logra sobre la base de la
responsabilidad de ser y pertenecer.
Se preservan por tanto, aficiones, gustos e intereses
individuales y grupales.
La cultura empresarial hace énfasis en la eficacia, la
racionalidad y la producción económica, mientras que la cultura
familiar pone su acento en la RECIPROCIDAD, relaciones inter
subjetivas, principios morales y símbolos cosmológicos.
A pesar de su potencial complementariedad, no siempre es fácil
balancear los aportes y peligros de las dos orientaciones, ni en
los proyectos y políticas nacionales ni en la vida familiar.
Como investigadores sociales hemos tenido la óptica de analizar
las influencias sociales, económicas, políticas de una sociedad
o macro sociales, sobre la familia y el individuo, sin embargo,
lo que aporta la familia a la sociedad mas bien ha tenido la
mirada de sus elementos negativos.
Muchas veces se ha visto a la familia como el chivo expiatorio de
la sociedad.
La culpa de cuantos males sociales acontecen en la sociedad, la
carga a la familia, como discurso ideológico que oculta
contradicciones sociales mas severas.
Por otra parte, los avances de la tecnología se han producido de
manera más acelerada y éstos han superado a las ciencias
sociales en su capacidad de generar paradigmas en beneficio a la
humanidad.
Pensemos entonces en estos posibles PARADIGMAS.
E. Morin plantea que en situaciones en que la familia está en
crisis mucho puede ayudar la sociedad a la misma, pero cuando es
la sociedad la que está en crisis, entonces la ayuda de las
familias se hace imprescindible. (Morin, E., 1998).
En este inter juego dialéctico, sólo el referente de familia
puede convertir el proceso de mundialización en el verdadero
proyecto que aspiramos.
La familia no es solo objeto de las circunstancias, sino tenemos
que potenciar a las mismas para que sean sujetos y protagonistas
de los cambios.
Como espacios elaborativos y de sostén están convocados a
trabajarse y trabajar aportando a la consolidación de esos
proyectos para la construcción de un nuevo entramado social que
permita el desarrollo pleno de la existencia humana.
Luchar porque la solidaridad se imponga a la competitividad y la
justicia social a la ley de la selva es la tarea más importante
del momento que nos ha tocado vivir.
Lo que la globalización engendra es un sistema de dominación
organizado al servicio de minorías privilegiadas y excluye a las
grandes mayorías del derecho a la vida.
Si esto es así, ha llegado el momento en que la lucha cotidiana
por la sobrevivencia personal y familiar ya no se pueda separar
de la lucha política por la sobrevivencia de la humanidad y la
naturaleza, es decir, del compromiso orientado a construir una
alternativa de civilización (Girardi, G. 1997).
Asumamos pues, los desafíos, los riesgos y las esperanzas.
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XXI «Hacia el pensamiento entre el pensamiento y la acción»
Medellin, Colombia. 1998-05-31
Carranza, Julio Intervención especial : Economía y
Globalización. Encuentro Internacional .
«Identidad y Subjetividad», Habana, Cuba, 1998.